viernes, junio 13, 2008

Una acacia no es una encina

Con ustedes dos árboles: La acacia a la que se identifica en estas tierras como mimosa y la encina, especie popular en la pénínsula ibérica porque sus frutos, las bellotas, vuelven sabrosa la carne del cerdo que se alimenta con ellas. No es ésta sin embargo una crónica ecológica ni de gastronomía. Podria decir que trata de embustes si mi interés original no hubiera sido una pintura de Artemisia Gentileschi, artista italiana poco conocida del siglo XVII. Ignorada incluso dado que se como se sabe, la historia de las artes en el mundo occidental ha estado recorrida por el mito del genio y la masculinidad. A saber, "Susana y los viejos", el tema del lienzo que comento ha sido representado repetidas veces por autores de la talla de Van Dyck, Rembrandt o Rubens, en base a la historia bíblica del libro de Daniel del Antiguo Testamento. Susana que solía bañarse en el jardín de su casa asistida por dos criadas, se resiste al acoso de dos viejos que la habían venido observando sin lograrla abordar. Éstos han encontrado la posibilidad de verla a solas y le proponen satisfacer sus deseos. Dice el relato que ella se niega y grita. Los viejos que no por gusto son jueces, saben de maniobras, la ponen en la disyuntiva. O accede a su lascivia o la denuncian como adúltera. ¡Unos cerdos!

La breve historia se vuelve un tanto botánica cuando en camino ya hacia su castigo, la pena de muerte, Susana invoca al cielo en pos de jusitica. El cielo le responde enviando una señal al joven Daniel que presencia el castigo, para que sin conocimiento de causa exclame: "Soy inocente de la sangre de ésta". Así las cosas, el pueblo duda de la palabra de los jueces y los convoca a cada uno por separado para que repitan su testimonio. ¿Y en qué árbol vieron a Susana fornicando con un joven que no era su marido? El primero dice en una acacia y el segundo en una encina. Punto final, el pecado no había sido de Susana sino de los viejos embusteros. No pues, una acacia no es una encina. Como tampoco la mujer, incluso en ese tiempo, solo el alma del hogar.
Imágenes: Van Dyck, 1600, Rembrandt 1647, A. Gentileschi 1610.

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