martes, junio 05, 2007

Bolsones de silencio

Materia y espiritualidad. Con Mark Rothko (1903-1970), figura cumbre del arte abstracto norteamericano, se emparentan dos términos que a primera vista parecen ir en sentido contrario. Seguí ayer el programa del historiador Simon Schama en Films & Arts y me quedó esa impresión. Las secuencias intercaladas a la narración de una película rodada en el taller del pintor, transmitían la experiencia de un artista sensual y trascendente, otros dos palabras que viene al caso asociar a la obra de Rothko. Un fumador a todo dar. El hombre no dejaba de apagar y prender cigarrillos en el trámite de trabajar y expresar sus ideas.

El pintor tuvo que pensar y repensar la oferta que le hizo el lujosísimo Four Seasons de Manhattan por decorar sus ambientes. Rothko estaba en la cumbre de su carrera y la suma era más que considerable en una época (los años cincuenta) poco habituada a pagar cifras de seis ceros por el trabajo de un artista plástico.

Dijo que no. Descartó la posibilidad de impactar a los comensales al punto de atragantarlos. Dejó de creer que los colores brillantes de bordes difusos que componen sus cuadros matéricos y espirituales, pudieran hablar de la intensidad de las pasiones humanas a esa élite concentrada en su apetito y su glamour. Rothko reparó en las limitaciones del arte para cambiar el curso frívolo del planeta.

En sus últimos años, su resentimiento comenzó a expresarse en tonalidades negras que plasmó en la Houston Church. El ambiente según Schama, no es ya el de la vida, sino el de la muerte. La misma por la que optó Rothko al suicidarse en 1970.

El programa de la BBC me convirtió en una teleespectadora atenta, que anotaba incluso comentarios de Rothko o Schama. Me quedé pensando. Aunque el estilo y las motivaciones inherentes a la abstracción de Rothko fueron reemplazadas en la mirada del público y de la crítica por el pop de los años sesenta, la incursión en sus cuadros sigue teniendo un sentido.

Como dijo su autor, sus superficies de color ofrecen bolsones de silencio donde podemos asentar raíces y crecer. La experiencia humana no es la de un árbol, pero reflexionar sobre ella nos hace florecer.

Imagen: Centro blanco, 1950, vendida en subasta este año por 54 millones de euros. ¿El resto es también silencio?

lunes, junio 04, 2007

El caos amigo

Se acude al psicólogo no sólo para saber qué (nos) ocurre. Nuestra espectativa a veces no del todo conciente, es que pueda ocurrir algo diferente. En su libro “El Psiquismo creador”, Juan Fiorini identifica el motivo de consulta como la búsqueda de una salida creativa.

A juicio del autor, se trata de presentar a la mente situaciones que combinan cosas que ya sabíamos, pero de una manera distinta. Se requiere por tanto tolerar preguntarse ¿cómo, entonces no era sí? (tal como yo lo veía).

Sentirse momentáneamente confundido es el costo para que ocurran las cosas de manera diferente. Toda una invitación en sentido inverso al ¡yo no me complico!, que como si de una virtud se tratara, se suelta en la conversación.

Crear una nueva zona de realidad en nuestra mente exige caminar por un lapso a tientas. Convertir el caos en un amigo es como volverse a leer. Situarse cada vez más cerca de esos seres que parecen fluir con todas sus células, como el viento...

Imagen: Lucía Fernández.

viernes, junio 01, 2007

Entre Wilde y la oreja de Van Gogh


Pensaba en las diferencias entre el artista y el político cuando cayó en mis manos un texto de Oscar Wilde. Les dejo un breve párrafo de "El crítico como artista" acompañado de una imagen de la película "El retrato de Dorian Grey". Hoy debo correr.

Dice Wilde: "Lo que queremos es gente poco práctica, que vea más allá del momento y que piense más allá del presente. Los que intentan guiar a la gente sólo pueden hacerlo siguiendo a la muchedumbre. Los caminos de los dioses sólo pueden ser hollados por la voz de quienes gritan en soledad".

La reflexión de Wilde poco tiene que ver con las reivindicaciones de un pintor con el que conversaba hace poco. El artista enfilaba supongo, contra la carga que significa para muchos todavía, la imagen del artista como un ser fuera de las cosas y sufriente. "A mí tiene que preocuparme el mercado", me dijo. Y supongo que haciendo un chiste agregó, "no me voy a cortar una oreja como Van Gogh".