viernes, agosto 31, 2007

Paisajes

La consigna de la clase de Photoshop que debe permitirme dar un orden a mi manejo intuitivo del programa, fue agregar algunos elementos a un paisaje. Qué bueno pensé, así le pego una mirada a la pintura del siglo XVIII y le inserto figuras del siglo XX. En esas ando, aprovechando de detenerme en las imágenes que sacaron de perdedores al género. El historiador Gombrich se refiere a la nueva dignidad que el espíritu romántico asignó a los paisajes hasta entonces considerados como un tema pintoresco y/o poco serio.

A los pintores emblemáticos, los ingleses William Turner (1775-1851) y John Constable (1776-1837), cabe agregar el alemán Caspar David Friedrich (1774-1840), del que es el sugerente lienzo "Viajero contemplando un mar de nubes" de 1816. Aquí abajo mis tanteos, los tomo como un modesto juego que para especialistas nada como la página de Worth 1000.


jueves, agosto 30, 2007

Pensar, escribir, vivir un feriado

Hoy feriado en Lima por celebrarse el día de Santa Rosa, traté de pensar qué me ligaba al personaje santificado hace más de cuatro siglos. Me vino a la cabeza el dibujo de Sérvulo Gutiérrez, pintor local que al decir de la crítica fue una figura clave entre las décadas de 1940 y 1950; y recordé también que alguna vez había ido de paseo a Quives, un poblado ubicado a sesenta kilómetros de la capital donde la santa vivió con su familia siendo niña. Su casa se ha convertido en lugar de peregrinaje.


Isabel Flores de Oliva como se llamaba doña Rosa, entró a la orden dominica la misma a la que perteneció Catalina de Siena. Al igual que la europea vivió también arrebatos místicos. Según su propio testimonio se le apareció el niño Jesús cuando se encontraba orando a la Virgen María y le dijo que la quería por esposa. Ella le dio el sí y decidió irse a vivir a una ermita construída en un aparte del huerto de su casa. Salía para atender a gente del pueblo a la que le brindaba consuelo y para rezar en el templo. Se le identificó tempranamente como santa por su caridad. Se sabía que hacía penitencias y sacrificios. Ayunaba y se flagelaba.

Santa Rosa murió a los treinta y un años. El Papa Clemente X la canonizó en 1677 dándole el título de Patrona del Nuevo Mundo y de Filpinas. Qué poco conozco de la vida de Santa Rosa, he terminado diciéndome, pero es que tampoco he encontrado la forma de acercarme a ese impenetrable mundo de autocastigos como vía para la expiación del alma. Amén, que la excesiva simbiosis entre el cuerpo de la mística y la fuerza sobrenatural que parecía alentar su entrega no me convence, dicho con todo respeto, como cosa de este mundo. Pensar, escribir, o vivir un feriado mas bien sí.

miércoles, agosto 29, 2007

Salvaje color


El estilo de Matisse (1869-1954) desconcierta porque escapa a las clasificaciones, y no podría ser de otra manera dado que al artista le interesó siempre investigar en toda dirección. A él mismo lo asustaban sus experimentos. La crítica lo identificó como cabeza visible de todos aquellos que usaban el color de manera salvaje, fauve. Sin embargo sus hábitos eran calmos y en ningún sentido violentos.

Me pregunto qué decir del pintor que no digan ya los tempranos títulos de sus pinturas. "Lujo, calma y voluptuosidad", "La dicha de vivir", "La ventana abierta a Collioure", "Armonía en rojo". Un crítico llama "franja matissiana" a la producción de Matisse comprendida entre 1908 y 1911. El color sin sombras comenzó entonces a funcionar para su pincel como criterio unificador de objetos y planos.

Lo que importa es "la coordinación de ritmos controlados" decía el mismo Matisse refiriéndose al color como un ritmo. De allí probablemente, que le interesara la danza que tantas veces representó como un movimiento individual o de grupo. Las figuras que forman un círculo en un entorno de colores acentuados, el verde, el azul, el rosa-amarillo de los cuerpos y el negro que no es color, deben ser sus trazos más conocidos.

Pero al francés le interesaba también el jazz como un elemento inspirador de sus caprichos cromáticos. Más tarde surgirían las líneas curvas, el arabesco de reminiscencia oriental y el pegote. La vida de Matisse terminó cuando se encontraba absorto en recortes coloreados, papiers decoupés.

Se menciona a Picasso el destructor de la forma, como antagonista de Matisse que hizo lo propio con el color. El polo norte y el polo sur de un siglo que se inició de manera explosiva. Todo un juego para la imaginación, pensar en el grito de alarma de la crítica en el Salon de Independientes del otoño europeo de 1905. Los salvajes y Matisse a la cabeza, habían tirado al público un tarro de pintura. ¡Bestias, fauves!

Sï pues, a eso se llamaba entonces locura...