lunes, octubre 15, 2007

Entre el arte, las tapas y la integración

Y el arte fue detenerse ante algún cuadro de Velásquez en el Museo del Prado. Las Meninas por ejemplo, para recordar entonces los relatos al respecto, sin dejar de observar las tonalidades que ni un impreso ni una web llegan a reflejar con exactitud.

En Las Meninas el pintor que volvió su mirada hacia fuera del cuadro al momento de representarse a si mismo en 1656, no ha dejado de observar a quienes lo observamos transcurridos cuatro siglos. Sea porque ocupamos el lugar de los soberanos, Felipe IV y Mariana su esposa, que acaban de entrar a la habitación donde el pintor retrata a su hija Margarita y por tanto su reflejo estaría en el espejo de atrás. Sea porque Velásquez quería dar cuenta de la importancia de su oficio de pintor y ser mirado. ¿No era ésta acaso la manera privilegiada de representar el mundo antes de que apareciera el cine?

Al día siguiente he ido al Centro de Arte Reina Sofía para ver el Guernica que Picasso pintó tras la devastación de la ciudad del mismo nombre con motivo de la guerra en 1937. El público se arremolina alrededor de las obras maestras, en particular un domingo en el que la entrada es libre. Terminé viendo bastante más. Entre los españoles a Saura y Chillida por decir dos nombres.

En este punto entran las tapas en un restaurant sensacional, no bien se sale del museo. Los pedidos de las cañas como se les dice a los vasos alargados en los que se sirve la cerveza y de bocadillos, eran atendidos con una rapidez llamativa. La sincronización entre quien recogía el pedido del cliente y el cocinero, pasaba por un grito a viva voz. Podría jurar que los dependientes tenían registro de tenor y harta vitalidad.

Tras volver al hotel me di con un panel en el metro que refleja el afán del gobierno para administrar la oleada de inmigración y a su vez de discriminación que venía acompañando la llegada de extranjeros en busca de trabajo. Un voto de aplauso. Todos ganamos con ello, se dice ahora.

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