La vista revista
Miranda la pequeña hija de Marisa, ronronea en la cocina. La-la-laaa. Sus onomatopeyas viajan por las paredes del departamento como lo haría un comercial de pañales. A ver si la pongo en contacto con un jinglerito y toda su parafernalia: Micros, piano, la grabadora de efectos. Es fácil imaginar a Miranda poniendo en acción sus cuerdas vocales. Tempranamente geek, con chamba y a punto de abrir su fotolog. Se trata ante todo de ser audiovisual. Hablando del tema, tanto tiempo alejada del teclado y tan sólo volver aquí no quiero pensar en la muerte del blog. La ficción sería como una tela de araña atada a la vida. Muy levemente quizás, pero atada por las cuatro esquinas. Decía VW, la escritora y no el carro pequeño que todos conocemos, que cuando la tela se estiraba o se enganchaba de costado, se rasgaba al medio. Entonces recordábamos que esas telas de araña no estaban hechas en el aire por criaturas incorpóreas. Más bien, que las ficciones literarias eran hechas por humanos que sufrían y estaban atados a cosas groseramente materiales como la salud y el dinero y las casas en que vivimos. Quien sabe el Nobel de VLL sea algo de eso. Quien sabe no.


