martes, diciembre 08, 2009

Atención, cuántas cosas se hacen en tu nombre

Tania Bruguera, la cubana con nombre de guerrillera y apellido de feria del libro llevó este año el perfomance al límite. Su presencia en el Pabellón de Murcia de la Bienal de Venecia transformó la lectura de un texto sobre el compromiso político del artista y los riesgos del auto sabotaje en un intento de suicidio. La participación de Bruguera en la máxima exposición de arte contemporáneo internacional, no habría causado similar revuelo, de no ser por la imperturbable actitud con la que dejó de leer para empuñar el revolver que tenía sobre la mesa. A fin de cuentas la autonomía del artista está en agenda desde el tiempo de los primeros impresionistas, pero nadie que lee ante una audiencia se interrumpe para apuntar un arma a su sien derecha. El cañón del adminículo tocaba la zona exterior del lóbulo que se encarga de la comprensión de la palabra al momento en que la suscrita apretó el gatillo. Clic. El artefacto cargado con sólo una bala quién sabe de plata, rehusó lanzar el proyectil que habría hecho saltar por los aires al menos una masa encefálica. Como los ascensores, carros y edificios actuales ¿sería un arma inteligente? Bruguera volvió a su texto y con sus maneras híbridas entre artista visual y jugadora de ruleta rusa repitió un segundo y un tercer clic. Oh, oh. El gesto le fue también adverso, o favorable, según se quiera entender la voluntad de correr el riesgo de perder la vida ante improvisados testigos. Sólo al término de la conferencia la pistola dirigida al techo convirtió un cuarto clic en un disparo efectivo. ¿Dónde quedó el casquillo? Alguno de los presentes intentó seguirle el rastro sin éxito lo que hizo correr el rumor: la pistola era de juguete. Bruguera dijo que no. Que podría haber muerto si el azar no la favorecía. Luego concedió una entrevista.