lunes, febrero 15, 2010

Pequeños dictadores

Cuando uno lee jamás pierde el tiempo, dice uno de los personajes de B. en una novela de corte catastrófico. El hombre había pasado varios años en la cárcel y al salir consideraba que la lectura le había permitido afinar su diálogo con la vida. ¡Cuánto le debía a su dedicación para recorrer tomos completos de la novelística del siglo XIX - casi todos autores ingleses y franceses- sin acercarse ni de casualidad al aparato de tv.! El pasaje de la obra de B. me viene a la cabeza al momento en que observo la arena iluminada por el sol y el vaivén del mar. Veraneo, sí, dedicada a la lectura. Para más datos acabo de terminar, no el mencionado texto catastrófico, sino ´Pequeños dictadores´ del peruano Luis Felipe Gamarra. Se trata de una investigación periodística que retrata el ir y venir de funcionarios corruptos vinculados al poder de la funesta dupla Fujimori- Montesinos. Anoten ustedes que una lectura me permitió recordar la otra. Suelo dejar abierta la puerta de las asociaciones. En este punto podría mencionar el quiebre en mi relación con lo que a distintos ritmos e intensidades, ha sido durante buen tiempo mi actitud frente a los medios. Para recordarlo en el lenguaje de U. Eco, mencionaré que desde los años sesenta y a lo largo de los setenta aquellos que equiparaban la llegada del apocalipsis al poder que acumulaban los medios de comunicación, practicábamos la misma abstinencia televisiva que la del preso de la novela que empecé citando. Los integrados en cambio, sin pensar que la tecnología de la comunicación ponía la cultura de cara al consumo, celebraban la posibilidad de contar con cine en casa a más de la información y el entretenimiento de los programas en vivo. Había de seguro matices, pero Eco los pasó por alto. El caso es que incluirme en el primer grupo, da para comprender que durante buena parte de la primera década del siglo XXI, desatendí las noticias sobre los juicios que se les seguían a los representantes del régimen totalitario. Con el rabo del ojo veía la tv. y hacía una síntesis. Me sucede hoy con el libro de Gamarra -que incluye crónicas de Carlos Paredes y Juan Manuel Robles- que he podido enmendar vacíos. Todo es muy crudo y nada muy fino. Para mencionar el relato sobre la ex fiscal de la Nación Blanca Nélida Colán, una mujer de una trayectoria honestísima que a cambio de los dólares agujereados que le proporcionó el todopoderoso Montesinos, traicionó la fe que la ciudadanía tenía en su cargo. Juzgada por archivar casos de corrupción y hasta de asesinato purgó condena durante siete años y en el 2008 obtuvo su semilibertad. Los otros personajes del libro: Alejandro Guerrero el reportero, Laura Bozo la conductora, Matilde Pinchi Pinchi la confidente, Martín Rivas el soldado y el general Nicolás Hermoza Ríos, pequeños dictadores al servicio de los dos peces gordos, son también tomografiados por el ojo de tan exhaustivos periodistas. De hecho el valor del libro, no es sólo para un ex-apocalíptico/a. Quienes escriben son investigadores de primera. Para alegrarse del periodismo con rasgos literarios que se forja en el país. Por otro lado, permítanme una perogrullada. Si sigue siendo cierto que cuando uno lee no pierde el tiempo, con la tv. selección y análisis mediante, tampoco.
Imagen: Milton Glaser.