domingo, agosto 06, 2006

El tiempo cuenta

Estuve en la zarzuela. El programa en Lima incluye Doña Francisquita, la que ví, y Luisa Fernanda, la que no veré. Sentada tanto rato en una butaca para seguir las jugarerretas ideadas por la protagonista, loca de amor por Fernando que no le corresponde, ¡ay!


Sumen ustedes las supuestas lecciones que deben aprender los padres de la pareja. Una suerte de, no les toca ya experimentar pasiones... ¡ay! dos veces.


Innegables la calidad musical, las buenas voces y las secuencias de danza que abren el ojo.

Entretiene si, pero no más. Me gustan antes que nada las formas, sea de la danza o la plástica y la foto del cine. Sobre todo esa aventura con toques de humor y comentario social que se teje en el arte hoy.

Un contacto con la lírica del siglo XIX, menos de tres horas por favor.

sábado, agosto 05, 2006

Cuando la educación no funciona

El domingo, es decir mañana, habrá en Madrid una marcha de mujeres convocada por varias organizaciones. Se han previsto carteles al estilo: "Todas somos libanesesas y palestinas". El acto de protesta contra la guerra responde también a una identificación de género. Al margen de estereotipos, la mujer suele manifestar con mayor intensidad el desagarro de perder un hijo. Dios. Un portavoz de Unicef en Berlín señaló a comienzos de agosto, que habían muerto cerca de doscientos niños.

Los analistas que defienden la actitud de Israel mantienen apreciaciones del tipo, "no son sencillas las soluciones". Los civiles decimos, que paren las muertes. Recuerdo el artículo en el que Freud respondía a la inquietud que Einstein le había formulado por escrito. El sabio le preguntaba sobre lo que podía hacerse para evitar a los hombres el destino de la guerra.

La carta de Freud
El creador del psicoanálisis señaló que el accionar de los instintos que tienden a conservar o unir, los llamados eróticos; y los que se orientan a la destrucción y a la muerte, que llamó tanáticos, aparecían siempre ligados. Resultaba así muy difícil, pensar en actos puros de amor u odio. Uno de estos afectos podía predominar, es cierto, pero era precisamente el papel de la cultura, moldear la vida instintiva y fortalecer el intelecto.

Una vía era la identificación del individuo con la comunidad y los principios de sus instituciones. Este mecanismo frenaba nuestro afán agresivo. Sin embargo, era también necesario experimentar temor ante las consecuencias futuras de las acciones comandadas por la agresión.

 Educar, esa es la cuestión. Pasa que sobre sus fracasos todavía no hemos sabido sacar conclusiones.

viernes, agosto 04, 2006

Fidel, papi

A los cubanos residentes en Miami, sólo les falta agregar a sus muestras de alegría por los problemas de salud de Castro, y con todas sus letras, un: Fidel, papi, muérete ya.

A los miembros de la "Asociación para el Estudio de la Economía Cubana" en cambio, académicos y funcionarios que todos los años analizan la situación de la Isla, les toca este 2006 plantear sus sesudas observaciones en un nuevo escenario.

A pesar del silencio del otro Castro, los expertos preven una recomposición de fuerzas orientada al cambio económico. Duele y duele ya. Dicen que será una tarea más ardua que la emprendida por cualquier economía sudamericana.

Cambio de registro y me pregunto por la psique de las generaciones nacidas en estos últimos cincuenta años. El hábito de someter la opinión propia a un "está bien" o "está mal" dictado desde el poder, debe haber anquilosado regiones enteras de sus cerebros.

Por lo mismo, que vuelvan a Cuba el detergente, el jabón de tocador, los modelos de carros a la última, o dejen de estar proscritas las composiciones de tantos músicos en el exilio, me parecen razones menores que celebrar.

La posibilidad de formar un juicio y antes que eso, un pensamiento propio, aparece en el horizonte como el bien más potable. Cierto que éste resulta escaso hasta en las democracias. Basta pensar en todas aquellas autoridades a las que que por su intolerancia provocaría lanzarles en tono caribeño un papi, muérete ya.

Quienes generan violencia nos recuerdan, que de esos deseos también estamos hechos.