lunes, julio 09, 2007

¿Dan miedo los museos?

Quien sabe no sea miedo la palabra. Hablando de los museos de imponente arquitectura y me refiero a los de Europa o EE.UU., podrían tal vez intimidar. La exhibición de cuadros de autores consagrados por la historia de la pintura representan un encuentro particular para quienes nacimos en esta parte del mundo. Los conocemos en primera instancia a través de los libros y los cursos de arte en el colegio, que como se sabe ocupan el lugar menos importante de la curricula educativa, logran instalar la falta de motivación en los estudiantes. Cuántos de ellos al atener que vérselas con el recorrido por las salas de un museo siendo ya adultos, sienten un profundo aburrimiento.

Para convertir la experiencia en otra cosa, habría que dejarse guiar. Me he dado con "Arte para Dummies", texto de Thomas Hoving, estadounidense que tuvo el encumbrado puesto de director del Museo de Arte Metroplitano de Nueva York (de 1967 a 1977). Estando en funciones compró cerca de 25,000 obras para el Metropolitano y se encargó de una exposición de Tutankamon, la mejor carta de la institución para atraer público.Pero el ex-funcionario del circuito artístico internacional tiene sobre todo un lenguaje amable. Le interesa servir de ayuda al lector que no encontró nunca un mapa que lo orientara en materia de arte.

El texto ofrece al inicio una serie de buenas reproducciones. La que ven ustedes aquí me llamó la atención. Es una máscara de la tribu bibi de Nigeria. Corresponde al siglo XVII y era usada en el cinturón que el gran jefe de la tribu llevaba en ciertas ceremonias. Se encuentra en el Museo Británico de Londres.

Hoving le saca lustre a la globalización. Cuando la crítica apunta al fenómeno global sólo como una imposición de empresas transnacionales, olvida la apertura a producciones de culturas distintas de la Occidental que se forjó en Europa.

El autor menciona del Perú, el Museo de Antropología y Arqueología y el Museo de la Nación como lugares de visita obligatoria para tomar contacto con el arte precolombino. Se refiere igulamente, al Museo del Oro y declara su favorito el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera. Si hacen clic aquí tendrán las webs de todos ellos.

Por un lado Machu Pichu declarado una de las maravillas del mundo, por el otro nuestros museos. ¿Quién no se siente feliz de estar en casa? ¡Vámonos de museos!

viernes, julio 06, 2007

Plagia el peruano, plagia el húngaro

-¿En que lo atendemos? podría decir la voz, y luego: ¿El Matisse que usted busca debe ser de Matisse, o de Elmyr De Hory? El coleccionista que confía en los varios ceros de su tarjeta de crédito tendría entonces que referirse a su elección. ¡Uish! Esta conversación telefónica es altamente improbable. ¡Quién sueña con llevar a casa un Matisse! Ocurre que la entrevista a Alfredo Bryce en la última edición de la revista "Caretas" me puso sobre la pista del tema del plagiarismo. El escritor que causó indignación tras las primeras noticias sobre los artículos que publicaba con su firma aunque no eran suyos, vuelve a causar gracia. Logra disminuir el malestar de todo aquel que no cultiva la identificación con un famoso para convertirlo en un intocable. La periodista de Caretas le dice: "Para algunos es obvio que usted ha plagiado. Para otros, está demasiado enfermo para darse cuenta de lo que está pasando. Yo lo veo saludable". Bryce se va por la libre. Menciona las dos docenas de libros que ha escrito y agrega:"He estado desaparecido en una playa del sur escribiendo mientras ocurrían todas estas cosas" Vaya, el hombre de letras tiene la cabeza más agitada que una coktelera de barman.

Respecto a Elmyr De Hory, el pintor húngaro que se suicidió en 1976 a los setenta años, su talento pictórico lo traicionó. El hombre imitaba a la perfección a Matisse, Modigliani, Vermeer o a Picasso y tenía además el know how del embuste. Lo suyo era acercarse a un galerista dándole a entender que había encontrado un lienzo de cualquiera de los mencionados. ¿Dónde? Quizás en el pasadizo de alguna residencia europea. Cosas de la guerra, ¿sería auténtico? Tras despertar la codicia del marchand, le ofrecía el ejemplar por una módica suma. ¡Si era un maestro de la historia de la pintura occidental!

Dos autores se han ocupado de De Hory. El escritor norteamericano Clifford Irving que publicó su historia en 1969 y el cineasta Orson Welles que hizo un documental, F de fake (1973) donde lo incluyó. Y hay saga. Se han expuesto las falsificaciones del húngaro en Ibiza, donde vivió, el año pasado sus imágenes formaron parte de una exposición sobre plagiarismo en Barcelona y hoy sus obras se venden a precios que bordean los veinte mil dólares. Si les interesa el dato hagan clic en una galería que ofrece un Matisse de De Hory, aquí.

¡Que época! diré, y volviendo a Bryce, sugiero creer que el escritor ha logrado insertar el argumento de su próxima novela en la realidad. Hecha la trampa, hará a continuación el libro. ¡Bendito sea!...

Imagen: Alfredo Bryce por Herman Braun, 1983.

jueves, julio 05, 2007

El vuelo de la mirada

Odilón Redón (1878-1916), pintor francés identificado con el simbolismo, una corriente artística que celebraba la fantasía, los sueños y la espiritualidad, dedicó toda una primera etapa de su carrera a dibujos en blanco y negro o color charcol. En su mundo resulta natural encontrar un ojo que como un extraño ballon se pierde en el espacio. Quien sabe para buscar inspiración al mirar de lejos o velar con su energía sobre los bosques y las aguas. Podría ser sino, una forma extraña de las nubes en busca de la complicidad del observador.

La espiritualidad con la que Redón concebió su trabajo se asoció en un inicio a su carácter taciturno. Sin embargo éste no impidió que años más tarde descubriera su habilidad como colorista.

Me gusta la idea de dejar que la mirada cobre vuelo, áun cuando como en el caso de la imagen de Icaro del mismo Redón aquí abajo, pueda ocurrir que una ambición desmedida la traiga a tierra.