viernes, junio 05, 2009

El político que se hizo un monumento

Un médico de 43 años, que ejerce ya hace varios años como alcalde de un distrito al norte de Lima, se ha convertido en noticia porque al gestionar la construcción de un pequeño parque que incluía una escultura en honor a la familia, decidió prestarse como modelo. El político facilitó al escultor contratado, una foto de grupo en la que estaban él, su esposa y sus dos hijos. Sin descartar que en los meses sucesivos al inicio de la obra, pudiera haber visitado el taller del artista para fijar algunos detalles. El caso es que recién en pleno proceso creativo, alguien le hizo notar que la gente podía murmurar sobre el derecho que tenía a a perennizar su imagen en un lugar público. El hombre entonces atinó a pedir al escultor que hiciera algunos cambios. Si estos llegaron, la familia del alcalde siguió siendo siendo reconocible. Me puse a pensar qué es lo que puntualmente se le critica. ¿El costo de la obra dado que en nuestro país, se dice, hay siempre necesidades más básicas que el arte?, ¿convertir su vida privada en ejemplo sin dar realmente pruebas de virtud? ( corre el rumor de que el alcalde tiene ya una pareja distinta a la de la señora esculpida), la calidad del trabajo del escultor? (no falta alguien dispuesto a levantar el dedo acusador de que la obra es huachafa). Sin descartar las anteriores, creo que media otro tipo de razón. El político ha ignorado que una de las ramas de las bellas artes, es decir la escultura, se reserva a los héroes nacionales, personalidades desaparecidas del mundo de la ciencia y letras, figuras sacras, o alusiones a valores abstractos como la justicia. A quien ejerce como autoridad política sin mayores méritos, le corresponde en cambio la imagen perecible y banal de la tv.. Allí donde caben promociones, publicidad, marketeo y hasta verdaderos-falsos ampays. No la imagen que conlleva un pedazo de mármol, granito o piedra. Que narcicismo maligno además, ése de querer hacerse a sí mismo un monumento, ¿no creen?
Imagen: Carlos Alcolea.

jueves, junio 04, 2009

Una variedad de satisfacciones

A propósito de la Bienal de Venecia que se inicia este domingo, y de la inauguración ayer de una nueva galería en el Gran Canal, recordé el interés que me provocó hace un tiempo una pieza de Charles Ray. El artista plástico que se llama casi como el músico que estuvo en escena el 2004 con la película sobre su vida, participó en la muestra de Punta della Dogana con la escultura de un niño que tiene una rana agarrada de una pata. Según dice una nota periodística, fue la obra que más atrajo (a la distinguida concurrencia, eso lo digo yo). Vaya, la pieza a la que me refería, en realidad una instalación, resulta bastante más sugerente. Se trata de un humano que semejando el fruto de un árbol, está amarrado a una rama como ven aquí arriba. Si era una manera de protestar contra el desinterés de las ciudades por el paisaje, una acción ecologista, un exceso de excentricidad, o una intervención tanático-esotérica, lo decide cada quien. Algo podría tener sin embargo del deseo de establecer una continuidad entre la experiencia estética y los procesos normales de la vida. Uno va caminando por el parque, cuando al alzar la vista para ver un pajarillo, ¿ahhh?...¡qué conmoción! Consideren ustedes que conmoción y todo, si a un paseante equis se le dice que lo expuesto es obra de un artista y por tal es arte, es probable que su respuesta sea que el arte está en los museos. Seguro que no había leído a Susan Sontag, la ensayista norteamericana, que en los años setenta observaba que el arte era el nombre de una enorme variedad de satisfacciones –de la ilimitada proliferación, y devaluación de la satisfacción misma-. Y los yates siguen llegando a la marina del Gran Canal para depositar a sus ocupantes ad portas de la fiesta del arte; y el magnate Francois Pinault que ha hecho la inversión de la nueva galería, estará allí, enfundado en cualquiera de sus maravillosos ternos. Sin embargo es probable que la gente lo mire más que por el corte de la tela que viste, al enterarse de que es suegro de Zelma Hayek. En cuanto al resto de los humanos, nos queda pensar en la posibilidad de reunir tiempo y dinero para llegar antes de noviembre, fecha del cierre de la Bienal, a tan connotado acontecimiento. Si no, a pensar en la manera en que funciona el mundo del arte, total también la vida nos provee de una variedad de satisfacciones.

miércoles, junio 03, 2009

La jugada del más vivo

La somnolencia comienza a invadirme cuando el chofer del taxi en el que viajo prende la radio. La canción, una mezcla de reggae y ska, me despierta desde el fondo de los párpados. Oigo al vocalista: `Esta es la voz del genio del dub, cuando hablas de violencia dice basta ya, que cuando hablas de guerra dice basta ya, que cuando hablas de hambre dice basta ya. Porque nada de eso te puede elevar…nada de eso te puede elevar…` He escuchado la tonada decenas de veces sin darme cuenta de que podía referirse al laberinto social del que formamos parte. De allí el basta ya y que nada de eso te puede elevar. ¿Pero si es ésa la forma de elevarse, termina siendo a costa de qué? El taxi atraviesa una arteria principal de San Isidro poblada de torres de edificios. Algunos tienen grandes ventanales y otros fachadas que recuerdan nichos. Es un diseño que podría suponerse se ha pensado para propiciar inquietud. Digo: Cero criaturas de carne y hueso, punto para el cemento, pero hay más. Unos metros más allá todo se vuelve excavar, martillear y taladrar. Al reemplazar casas de dos pisos por edificios de departamentos se dice que Lima progresa; ¿acaso las autoridades se han tomado la molestia de conjugar el verbo planificar? El ruido y el polvo provocados por la demolición de viviendas convierten dizque un lugar para vivir con tranquilidad, en un caos. ¿Y qué hacen los vecinos? Un cartel dirigido a las autoridades municipales expresaba hace ya dos años el desasosiego. Decía: “Ahora tenemos congestión vial. ¿Cómo será con cuatro torres de 178 departamentos?". La constructora a cargo de los edificios, siguió adelante y aunque en lo que va del 2009 no ha terminado la obra, la protesta parece haber amainado. La extraña convivencia entre lo que no nos produce goce y lo que aceptamos ha tenido lugar. ¿Toca hacerse de la vista gorda ante el atropello? Acabo de firmar una carta mancomunada dirigida al alcalde del distrito. De pronto los vecinos nos damos cuenta de un desatino técnico. Con el argumento de mejorar una calle se ha demolido la anterior pista de concreto que tenía venticinco centímetros de espesor para reemplazarla por una capa de asfalto de cinco centímetros de espesor. ¿No está acaso cantado que la remodelación mal hecha obligará a invertir dentro de poco otra vez en lo mismo? Qué difícil entender el lugar de lo estético, es decir aquel suceder que a manera de cuadro o de escenas en movimiento nos proporciona el disfrute de la vista y el oído. Vivimos en un entorno donde lo que vale es la jugada del más vivo. Y si vivo es aquel al que menos le importa el bien común, ¿no habría que llamarlo de otra manera? Urge iniciar una acción para librarnos de palabras y por tanto de maneras que nos atan. A ver cuál es la respuesta a nuestra carta.