jueves, noviembre 30, 2006

Quedarse pegado


De la palabra stuck en inglés, proviene el nombre de una de las últimas corrientes pictóricas inglesas, el stuckismo. Sus artistas declaran que se han quedado pegados a la pintura figurativa, y que las manifestaciones del arte conceptual no les parecen en modo alguno arte.

Naturalmente, suscitan las simpatías de quienes entienden el arte como una pugna entre el realismo y la vanguardia loca. Qué lío. Los stuckistas no son tan tradicionales como podría pensarse. Al enfilar contra el director de la “Tate”, la galería más alharaca del arte contemporáneo en Londres, don Nicholas Serota, se valen del mismo amarillismo que atribuyen a los artistas subversivos.

Una pintura de Charles Thomson, stuckista en toda la línea, mostró en agosto último a Serota examinado una truza femenina. El hombre aparece preguntándose si será o no una pieza auténtica de Emin. Para los entendidos se trata de Tracey Emin, artista plástica que representará a Gran Bretaña en la Bienal de Venecia el 2007.

Thomson y su movimiento batallan contra la complacencia que Serota ha venido mostrando en promocionar el arte conceptual. La cama de Emin con huellas de una noche de sexo y copas, fue exhibida en la “Tate” como una iniciativa a celebrar a fines de los noventa . Arte como no, dijo el círculo de críticos próximo al promotor. Los stuckistas: Una cama no es arte.

Hay detalles privados en los orígenes de una corriente a la que no vacilo en llamar narcicista. ¿Por qué colgarse sólo ellos la etiqueta de verdadera pintura? Billy Childish, cofundador con Thomson del stuckismo, (renunció en el 2001) fue novio de Tracey. Caramba. La hoy exitosa Emin lo canceló el día que consideró que no le seguía los pasos en materia artística. Le dijo entonces: “You are stuck”. Probablemente en un encuentro catártico, Childish y Thomson, resolvieron la revancha y surgió el ¡sí pegados y qué!

Lo que a mi gusto no va, como ya adelanté, es el reclamo de exclusividad del stuckismo. Las artes plásticas, a veces ventanas abiertas a la realidad y otras muros que nos devuelven a la reflexión o a la mera sensación, son un ejercicio para acercase a la vida misma. ¿Por qué los parámetros a tal acercamiento? El gesto es crear, no quedarse pegado.

miércoles, noviembre 29, 2006

El Dr. Neyra y la barbarie

Urge aprender a hacer trámites en regla. Desactivar el recurso de decirle al otro que se es fulano de tal. Lo peor de todo es que nadie está libre del desmán lingüístico. La desatención y el ninguneo provocan la emergencia del “no sabe ud. con quien está hablando”, frase que corresponde probablemente a la época feudal y que sin embargo se usa hasta hoy en nuestro colectivo social. ¿No somos todos iguales ante la ley? ¿No puede proponerse un trato cordial entre los miembros de la sociedad civil y los funcionarios estatales?

Se me ocurre que por cada peruano con educación superior que repite la frase, el país se hunde un milímetro en la barbarie. Escuché hoy la versión del Dr. Hugo Neyra por la radio. Aseguraba que tuvo que lanzar el “no sabe ud. con quien está hablando” cuando le cancelaron su boleto en un vagón que debía trasladarlo de un punto a otro al sur del país. A su juicio, la compañía de transportes había decidido desembarcar a los peruanos y favorecer a los extranjeros. Viaje y frase gritada de por medio, el Dr. consiguió viajar.

Imagino que el hundimiento del país producido por el Dr. Neyra, Director de nuestra Biblioteca Nacional, es decir un hombre de ya-no-más-libros; debe haber producido un resbalón más acentuado de nuestro territorio en la barbarie.

Ironías aparte, me pregunto cómo poner freno a nuestra inclinación de volvernos energúmenos argumentando que fue el otro quien inició el desmadre. Si los entredichos en el va y viene de la interacción humana son esperables, habría que desear que salga airoso quien confía en la propia habilidad para hacerse escuchar. Eso mientras ponemos en claro el tema de deberes y derechos de cada quien. El resultado no sólo puede volvernos individuos amables. Tal vez encontremos el camino para vivir en democracia.

Imagen: Francesco Clemente

martes, noviembre 28, 2006

La máquina de mostrar

Las imágenes están allí para sacudirnos. A veces hasta nos cobijan. Algunas empujan más arriba la bóveda de los cielos y otras si acaso la tuviera, la de los infiernos. En un lugar intermedio están los abortos de imagen. Limbo de artefactos que no encuentra la manera de sumarse a la movida visual que nos envuelve. Se detecta su falta de oído para complacer a esa máquina de mostrar en la que, como dice el filósofo Sloterdijk, se ha convertido el arte contemporáneo. Es un hecho, si o si, que toda obra en circulación implica promoción y dinero de por medio.

Un bocadillo para echar a andar la propia maquinaria cerebral, y formarse una opinión al respecto, es la pieza de Chris Ofili “Santa María la Virgen”. El artista británico encontró un lugar para exhibirla en “Sensation”, esposición de la Royal Academy of Arts de Londres en 1997. Dos años después, indignó al por entonces alcalde de Manhattan R. Giuliani presentándose en Brooklyn.

Las iras que el funcionario estadounidense llevó hasta el Senado, actuaron como un poderoso mecanismo para atraer las miradas y hasta las narices sobre la obra del autor. Ofili había enmarcado a María la Virgen en medio de excrementos de elefante solidificados.

En “Caca de elefante” (1997), Vargas Llosa asegura que para tener éxito como pintor se requiere del escándalo, incluso de la truculencia. A su juicio, “Sensation” fue una prueba de que no había ya nada artístico, ni siquiera un gusto estético en la pintura, “sistema podrido hasta los tuétanos”. La literatura en cambio, mantenía el criterio...

Para el filósofo Danto, la misma muestra en Brooklyn resultó en cambio, un pequeño orgasmo. Su defensa a Ofili y compañía (Damien Hirst, Sarah Lucas, Jenny Saville, Ron Mueck) es proverbial: “Se diga lo que se diga en el Senado, realmente es arte. Lo peor que se puede decir es que es impetuoso”. Y refiriéndose a la pintura de María: “La santa Virgen nunca ha sido especialmente exigente acerca de cómo había que retratarla”.

Mención aparte merecen las raíces africanas de Chris Ofili y en ese sentido el material en cuestión. ¿Con María, quería Ofili aplicar una tunda al catolicismo, como dijo el alcalde?, ¿blasfemar?, ¿que piensan ustedes?

Si acaso el tema les resulta arduo, cojo un filón navideño de interrogaciones. ¿Arman ustedes el arbolito en casa?, y, ¿no resultamos también a veces por la época, una máquina de mostrar?

Imagen: Chris Ofili