martes, junio 16, 2009

El derecho de elevarse

Un momento de crisis. Los mineros de un pequeño pueblo ubicado al norte de Inglaterra mantienen una huelga que los hace vivir momentos críticos. No cuentan siquiera con leña para encender sus chimeneas y protegerse del frío. La familia protagonista de la película, acaba de perder a la mujer de la casa. La tristeza no les impide sin embargo, llevar la vida de todos los días. El padre y el hijo mayor se desempeñan como operarios en la extracción del carbón y se han sumado al paro. El hijo más pequeño asiste al colegio, pero algo extraordinario está por sucederle. A la hora del deporte va a descubrir que en lugar del box lo atrae el ballet. La práctica de las niñas lo entusiasma, y aunque con grandes dudas, se anima a hacer una clase. Resulta evidente que el arte clásico, uno de los gozos que a partir del siglo XVII disfrutaron las cortes europeas, no encaja en el hogar de un chico de la clase obrera. Agréguese que en plenos años ochenta en los que transcurre la película, bailar es considerado todavía un quehacer femenino. Así y todo, quién sabe cómo la afición va en serio en el alma del niño y suerte la de Billy Elliot, que encuentra la guía de una profesora intutiva que lo acoge y patrocina su aprendizaje. El asunto está velado para su familia que podría poner el grito en el cielo, como lo hace no bien se entera. Se esgrimen razones de género y también políticas. Detrás de lo que se dice, está una pregunta dolorosa, ¿cómo puede atreverse un chico a pensar en esas piruetas que lo elevan, cuando el padre y el hermano se rompen los lomos para bajar a la entrañas de la tierra? En un ambiente en el que la policía interviene para reprimir a quienes han paralizado sus labores, el padre de Billy comprende finalmente el talento de su hijo y le permite viajar a Londres donde debe aplicar a la convocatoria de la escuela más prestigiada de ballet. Vi ayer nuevamente la película que se estrenó en el 2000 dirigida por Stephen Daldry, el mismo director de `Las horas`, y protagonizada por Jamie Bell. Me dije que era una manera de echar luces sobre la pregunta de la que me ocupaba hace unos días. ¿Es justo crear belleza en un mundo tan cruel? Precisamente, se trata de crear y creer en algo más allá. No tendría que estar restringido el derecho de elevarse.