martes, enero 12, 2010

La verdad de la señora Robinson

La historia de alcoba de una nueva mises Robinson va y viene por estos días en el mundo de noticias internacionales dícese que globalizadas. La realidad conduce al cine y pocos dejan de mencionar a la seductora Ann Bancroft y al embelesado estudiante que personificó Dustin Hoffman a fines de los años sesenta. El graduado actual es Kirk McCambley un joven irlandés de diecinueve años liado con la madura Iris Robinson, representante política del partido unionista de Irlanda del norte. El romance terminó hace dos años, pero la mujer hoy en sus sesenta ha sido acusada de gestionar un préstamo para que su amante montara su propia cafetería, amén de haber practicado el lobby para que el muchacho obtuviera la licencia y abriera su establecimiento. Peter el marido de Iris, nada menos que Primer Ministro de Irlanda del norte, ha sido arrastrado en la caída y ha puesto su cargo a disposición. Si mantendrá su postura sólo hasta que las lenguas dejen de hablar vaya usted a saberlo. Como fuera, es probable que el escándalo relance la canción de ´El graduado´en voces de Simon y Grafunkel. He encontrado una versión en Youtube que se mofa de la pasión de la política con onomatopeyas del tipo woh-oh-oh; wey-hey-hey. Por su parte los italianos, sensibles a las inclinaciones de su Primer Ministro, resultan los más indulgentes. Finalmente Berlusconi, más que enamorar a una u otra parece salir de cacería. En nuestro caso el presidente García dio en el 2006 una conferencia de prensa para revelar que había tenido un hijo con la ciudadana Cheesman. Entendimos entre líneas que a más de adúltero había pasado por alto tomar sus precauciones, omisión que lo había convertido en padre por sexta vez. Su hidalguía, que era lo que en realidad le preocupaba demostrar ¿? radicaba en que nunca dejaría de velar por el entonces crío de año y medio. Volviendo a la desencajada señora Robinson, arrepentida según afirmó de haber dañado a quien más quiere, a Peter su marido, me gustaría pedirle declaraciones menos previsibles. Una reflexión en torno a las pasiones por ejemplo. A la entrega que se hace sin calcular riesgos a cambio se sobreentiende, del irrenunciable placer de tocar y ser tocados. Dice Steven Johnson en un libro sobre los avances de la investigación en el campo que se comienza a identificar como la neurociencia aplicada a la vida cotidiana, que la emoción que suscita el amor tiene un poder transformador a veces destructivo en nuestras vidas, precisamente porque sus bases son fisiológicas. Nuestro cerebro nos recompensa con una particular satisfacción cuando iniciamos unas relaciones amorosas. Vamos Iris, tienes las cámaras, reflectores y micrófonos puestos sobre ti, di algo que no sea una montón de palabras huecas. ¡Dinos al menos una verdad de la señora Robinson!