jueves, abril 16, 2009

Deseos alborotados

No se si debo decir que no entiendo a ciertas personas o que no las tolero, aunque tampoco sé si alguna vez llegue a descifrar el por qué. Tan sólo proponérmelo me produce tal falta de curiosidad que prefiero dedicarme a otra cosa. Sospecho que en cierta forma una introspección conduce también a darse cuenta de que uno no aspira a tener respuestas para cada cosa. Si quieren enterarse, cada cierto tiempo veo viejas películas de algún director que me interesa. En esas he estado con Fellini. LLendo detrás de sus títulos menos conocidos y después del `oh` que me arrancó `La ciudad de las mujeres`, quise pegarle una mirada a `I vitelloni (Los inútiles). Sencillamente no pude con el tema. Les cuento de qué trata. Corre el año 1955 y un tipo con pinta de seductor irresistible embaraza a la `Señorita Sirena´nombrada así ese año en el concurso de una vieja localidad italiana. El tipo acaba de romper con ella, pero el desmayo de la bella justo el día de su coronación pone en boca de todos que la chica espera un hijo suyo. El padre del seductor se entera y tras impedir que su hijo huya a Milán con el pretexto de encontrar un empleo, era un bueno para nada, lo obliga a casarse. Ella feliz o mejor dicho en el reino de la dicha. Al volver de su luna de miel él se acomoda también en casa de los suegros que hasta empleo le buscan. A poco de establecerse, la sirena va en busca de su marido a la tienda de antiguedades donde está trabajando.Viene por él sin avisarle, y él sorprendido la recompensa besándola en la puerta del negocio, toda una liberalidad para la época. A continuación le dice vamos al cine si ella paga, claro. Liras y tickets de por medio, se acomodan en sus butacas. Él le pasa un brazo buenito y fuman. ¡Ay! Al costado del don Juan una mujer le pide fuego por favor, y él obsequioso con el encendedor a la mano le prende el pitillo. El fulano no ha dejado de abrazar a la esposa, pero le pega una ojeada a la dama en cuestión que aprueba el examen. Tan vestida de negro como fumadorsísima. Del otro lado Julieta ni se entera de la rival que acaba de salirle al paso. Mira en dirección a la pantalla sintiéndose cobijada por su hombre. Ya. Lo que no soporté fue que el inútil en un arranque de virilidad procedió a investigar si sería bien recibido por la prima donna de al lado. Con un ojo en la pantalla comenzó a buscar el pie de la vecina y a ver qué pasa. En un auténtico brote de esquizofrenia no descuidó preguntarle a la esposa si estaba contenta. Punto y coma, es decir iba a entrar yo en estado de ídem si seguía pegada a la historia. Adiós Fellini. Creo que aunque no aspiro a encontrar respuestas para todo, confío en otras maneras de sacar adelante el alboroto de nuestros deseos.
Imagen: Juan Muñoz.