lunes, abril 13, 2009

Sin Oscar

¿Quién no está hecho para entretenerse con la historia de un niño pobrísimo, tan dulce como temerario, capaz de conservar el sueño de un amor infantil en medio de obstáculos de todo tipo: secuestro, violencia, prostitución, droga, abuso y maltrato? Más todavía si el chico que ha crecido participa en un concurso de la tele para hacerse millonario y va respondiendo correctamente cada una de las preguntas que lo acercan a la posibilidad de hacerse con un buen fajo de rupias dolarizadas. Otra vez esa parte del cerebro que cede ante la ilusión de que los deseos se vuelvan realidad dice ¡sí! Una película que emociona y entretiene darwinianamente hablando. La miseria hindú sigue ahí cuando a la salida del cine uno se dice ¿te gustó? si, entretenida, ¿vamos a comer una pizza? Tampoco es que el cine de Ben Stiller, Jim Carey o Adam Sandler vaya a cambiar el mundo, pero lo prefiero. Y sin Oscar.