martes, diciembre 16, 2008

Colorida oscuridad

Alguien que estuvo en Nueva York este fin de semana me cuenta que no bien se instaló en el hotel decidió encaminarse al MOMA. Tenía poco tiempo para ir de museos y no quería perderse `Los colores de la noche`, la exposición de Van Gogh que va hasta principios de enero. Oh, oh. La taquilla de la ya venerable institución de la Gran Manzana estaba totalmente vendida. Aún al término de la temporada alta de turismo, las 23 pinturas y 9 dibujos del artista holandés ocasionan tumultos. Y todavía más. Si consigues una entrada debes recorrer la sala en orden y no tardar más de lo estipulado.

Que la promoción de uno de los iconos del gran arte, haya logrado tal aceptación entre el gran público ¿es una razón para alegrarse? El tema me hace recordar las observaciones de Robert Hugues de hace más de veinte años. El crítico de origen australiano decía entonces que la motivación para ver el trabajo de Van Gogh en el Metropolitan Museum también de Nueva York, debía considerarse más un fenómeno social que el despertar de la mirada en pos de una obra plástica. A su juicio, el que la gente se arremolinara frente a los cuadros de un artista considerado a fin de cuentas, un santo secular revelaba la "insondable paradoja de ir al museo" ¿Cuál era ésta? Aquella que hacía posible que el arte famoso lograra ser tapado por el tamaño de su propio gran público.

Ya ya, circulen por favor, que la colorida oscuridad debe ser para todos...

Imagen: Exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.