miércoles, mayo 13, 2009

Aferrarse o no a las notas

Recuerdo una película de F. Fellini que trata del ensayo de una orquesta. Se llama igual: `Ensayo de orquesta` y se estrenó en 1979. La película está concebida como un falso documental que se graba en un auditorio, célebre por su acústica perfecta. El lugar fue en otros tiempos un oratorio romano del que dan prueba sus esculturas funerarias. El majestuoso decorado contrasta con el clima de trabajo que se respira en el ambiente. Un anciano copista acomoda las partituras en los atriles que les sirven de soporte, y con gesto amable responde a las preguntas de la voz en off que sigue sus desplazamientos. Los integrantes de la orquesta, hombres y mujeres, intercambian bromas desde su llegada. Mal que bien reina la camaradería, aunque para fines del supuesto documental cada quien declare que su instrumento es el mejor. El verdadero antagonismo es con el director, un hombre maduro de acento alemán que en otros tiempos tenía derecho a protagonizar episodios de capricho y hasta extravagancia. Los músicos, todos afiliados a un sindicato, le exigen un trato igualitario. La hostilidad llega a su clímax cuando un grupo decide prescindir de quien los dirige y usar un metrónomo. Algunos se oponen y el enfrentamiento convierte el auditorio en un campo de batalla. El punto y aparte lo pone un sonido intenso que proviene del exterior. Nadie sabe todavía qué ocurre cuando se desploma una pared. Silencio, el mundo se vuelve una pausa. Conforme se disipa el polvo producido por el derrumbe, varios pares de ojos ven aparecer, atónitos por supuesto, el brazo de una grúa gigantesca que con una masa en forma de esfera ha tumbado la edificación. La demolición ha cobrado una víctima: ha muerto la arpista. Ante el desconcierto general parece muy natural que el director retome su puesto y proponga volver al trabajo. Somos músicos recuerda a sus colegas, y estamos aquí para ensayar. Como si en sus palabras se escondiera algún misterio agrega: Las notas nos salvan, aférrense a las notas, síganlas, una tras otra.
Imagen: Kandinsky.