
La primera colección hace pensar en una manera calma de renegar del mundo exterior. La pincelada antes que acentuar los efectos de luz, difumina las imágenes como si esa fuera la mejor manera de formular preguntas sobre la desiguladad social. Obreros que reposan al hacer un alto a su jornada, buscan la hierba, quién sabe el ruido del mar. Saben demás que los edificios que construyen en nada se parecerán a sus modestas viviendas; hay también empleadas domésticas a cargo de niños cuyas madres se toman la crianza con mucha calma. El trabajo de Carranza a no dudar expresionista, parece más bien querer verlo todo. Los lienzos de "sangre de pez" muestran la vorágine de un mundo interior urgido de hacer de la imaginación su herramienta de aprendizaje y comunicación.
Así está Lima hoy, abierta al deseo de mostrar no mostrando, o de intentar caminos para decirlo todo. Sea a cucharadas o de golpe nuestros ojos agradecen. Una manera de corroborar que son los artistas visuales los llamados a inquietar nuestra sensibilidad con sus inspiradas maneras de ver.


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