martes, noviembre 04, 2008

La ciudad que quisiéramos


Sintonicé hoy Radio Capital una emisora nacida hace menos de un mes para abrir sus micrófonos al ciudadano común. Su lema ´tú opinión importa´ anima al oyente a manifestar sus puntos de vista sobre la ciudad y los temas de la vida cotidiana que le preocupan. Me quedé pegada a la voz de una señora que por vía telefónica se quejaba a Rosa María Palacios de los cobradores y choferes de micro con enorme malestar. Ellos no nos dan trato humano a los pasajeros, decía la mujer en una intervención con visos de catarsis. Esa gente cree que hay que tratarse con odio, pero ya es hora de que la Ministra de Transportes haga un curso para tanto ignorante. Tienen que aprender un poco de psicología. Palacios llevó las cosas al terreno administrativo. ¿Sabe usted que la Ministra de Transportes nada tiene que ver con los micros? ¿Ah no? No. ¿Entonces quién? El alcalde de Lima. Bueno pues, que sea el alcalde el que haga eso concluyó la oyente y colgó.

La conductora comentó la intervención de la mujer de una manera escueta. Afirmó que era un hecho que todo pasajero que pagaba su boleto tenía el derecho de llegar a su destino vivo, y sin que lo mutilaran. Evidentemente su comunicación circulaba en un registro distinto al que de manera tácita se había puesto sobre el tapete: la importancia de la vida cotidiana como campo de la acción política.

Al subir a un bus, el pasajero debería lograr bastante más que conservar la vida. Trasladarse de un lugar al otro no equivale a estar en un no lugar, en el entendido de que el trabajo es el único espacio que de verdad importa. Mientras se llega adonde fuera, lo que nos sucede no sólo influye en nuestro ánimo, sino que contribuye a configurar nuestra psicología. Lo deseable sería pues, que a más de un pago justo, el recorrido fuera por áreas no sólo edificadas sino verdes. Que el viajente recabara tranquilidad a través de información visual y sonora, dígase imágenes y música que el Estado se encargase de promover a través de concursos en los que participaran artistas locales. Parte de la acción gubernamental tendría que ser la difusión de dichos productos en los vehículos públicos.

Imagino que los comentarios del lado periodístico en la nueva radio de opinión, se harán poco a poco con mayor imaginación. De hecho, el diálogo que busca el ciudadano no es el que se elabora con el vocabulario de la premura de tiempo. ¿Por qué no podemos contribuir a diseñar la ciudad que quisiéramos? ¿Por qué no darle el peso que tiene a la vida cultural?