jueves, noviembre 27, 2008

Consumir antes de los treinta años de fabricación

Sentada en la mesa de al lado, me cuelo de oídas en la conversación de tres mujeres que hablan de  bikinis. Censuran a las mujeres de más de cuarenta que se atreven a lucir en la playa sus cuerpos, o la ruina en que se han convertido, con esa prenda. Esgrimen razones estéticas. Y ahora que llega el verano las oigo decir, ¡se ve horrible! 

De su parte, creen que cumplen el contrato social usando traje completo. Una revela que ya casi no le provoca ir a  la playa o al club en el sector piscina. Sin decirlo da a entender que las porciones de territorio corporal  que se exponen al sol está reservado a jóvenes de anatomía alargada.  Qué ternura, asesina, la que comienzo a experimentar. ¿Acaso no puede cada quien mostrarse como le viene en gana? No intervengo. En vez, miro a otro lado. El horizonte sillas y mesas vacías me inspira para pensar en las crueldades  que el establishment impone a sus criaturas. Las priva, no del cuerpo de revista, que al fin y al cabo cada quien lo gana en la lotería genética y/o  dedicándose a conservarlo con dieta y ejercicios,  sino de la mente que decide explorar temas sustanciales. ¿Así que a más de haber sido arrojados a la vida tenemos la obligación de andar por el mundo haciendo juramentos sobre el modo en que debemos ir a la playa?


Imágenes: `Consumir preferentemente antes de los treinta años de fabricación` y `Libertad es una palabra enorme` de la cubana Cirenaica Moreira.