miércoles, octubre 18, 2006

La danza tiene muchos rostros

La lucha contra la sujeción y la paulatina pérdida de vitalidad sirven de tema a “Blackbird” pieza de Jiri Kylian, coreógrafo de origen checo que dirige el "Netherlands Dans Theater. Sólo cuando el personaje tropieza y cae reparamos en la dimensión de su atadura. La malla que le cubre medio cuerpo y contra la que ha venido luchando cuelga de lo alto. El hallazgo del espectador coincide con la aparición de la figura femenina que se dibuja al fondo del escenario. La vemos blandir una espada y avanzar con sigilo. ¿Qué va a hacer? 

Sobrecoge la elegancia de su vestido en el momento previo al corte del lazo de la figura caída. A continuación, que sea una anti hada de la liberación tardía. Si la danza contemporánea tiene muchos rostros, uno de ellos es ajeno a la expresividad facial. El torso y las extremidades bastan en una pieza que combina la plasticidad de las bailarinas, una iluminación oportuna, un sonido sugerente y ese “yo no se qué” de la forma en movimiento.


¿Que quiere decir?
Alguien me dijo que era la historia de un feto y su aborto. Una mente infantil (instalada en el cuerpo de un niño y no en el de un adulto), se extasió con los desplazamientos, sin dejar de mencionar que la música le daba miedo; y alguien más me comentó que “Blackbird” era una metáfora de la vida misma. 

Para eso está el arte, confirma la psicología. Para proyectar nuestra imaginación y fantasía, más allá del deseo del creador. Para emocionarnos de una manera diferente a otras emociones en las cuales la forma no interviene. Eso sí, es insuficiente pararse frente a una obra. Hay que sentirse disponible y conquistar el sentimiento. Digan ustedes si vale el esfuerzo.

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