martes, noviembre 07, 2006

Pequeño mundo

La mañana me coge un tanto descorazonada. Bailo o mejor dicho he dejado de hacerlo, al ritmo del encuentro casual con un antiguo profesor. Ayer lo ví y me pareció poco cálido, inoportuno, incluso desvitalizado. Un extraño fulgor me terminó mostrando un ángulo suyo que había yo siempre pasado por alto.

Pero mi desazón tiene también que ver con la elección del tapiz que acabo de comprar para dos sillas de mi nuevo departamento. Tras tomar la decisión y efectuar el desembolso, he reparado que habría sido mejor elegir un tono de diseños vivos.

¡Que superflua!, me he estado diciendo. ¡Si los noticieros y la prensa entera sólo hablan de la propuesta de ley que recorta los derechos de las ONG locales! ¡A los cien días del gobierno de Alan García!

Mientras escribo voy resolviendo que sintonizar con la polvareda que levanta la vida en común, no es razón para suprimir las quietudes e inquietudes que surgen de este, ese o aquel, nuestro pequeño mundo.

El gran Kafka escribió en su diario una línea que viene al caso recordar: "Hoy empezó la guerrra. Salí a nadar". En cuanto al hecho de escribir, el peruano Julio Ramón Ribyero señaló algunas razones que comparto con ustedes.

“No se escribe por una razón sino por varias, cuya importancia varía según las épocas y el estado espiritual del escritor. Personalmente, y sin que el orden implique prioridad, escribo porque es lo único que me gusta hacer, porque es lo más personal que puedo ofrecer (aquello en lo que no puedo ser reemplazado); porque me libera de una serie de tensiones, presiones, inhibiciones, por costumbre, por descubrir, conocer algo que la escritura revela y no el pensamiento; por lograr una bella frase; por volver memorable, aunque sea para mí, lo efímero, por la sorpresa de ver surgir un mundo del encadenamiento de signos convencionales que uno traza sobre el papel; por indignación, por piedad, por nostalgia y por muchas otras cosas más”.

Imagen: Martín-Muñoz

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Somos un conjunto de ideas, sensaciones y emociones. Producto de estímulos, consecuencia de experiencias. Por ello nos emocionamos leyendo a Kundera y disfrutamos probándonos trapos. La diversidad que habitamos nos permite estar abiertos a las pequeñas y grandes cosas que pasan alrededor. Nuestros ojos deben tener gran angular, así nunca perderemos la perspectiva real del mundo. No somos dicotómicas, somos sencillamente un collage.

Olga dijo...

Escribir, también permite ahora, acompañarnos...
Envio cariño a su desazón y gratitud por recordarnos a Ribeyro!

Lichi Garland dijo...

Estimada anónima, creo a veces que sin gran angular y más bien con un lente de acercamiento, podemos disfrutar de las cosas. De lo particular vivido se desprende lo que está más alla. Gracias por el comentario.

Lichi Garland dijo...

Eso, acompañarnos. Gracias.

Eloísa dijo...

Ay, escribir, escribir. A veces yo siento que se me acumulan las ideas en la cabeza y que se pelean una con otras. Entonces, me siento y dejo que mis dedos trabajan, y las cosas empiezan a fluir de una manera que me acercan la paz. Es incluso a veces más curativo que hablar con alguien. En ocasiones escribo sólo para mí y me parece apasionante el efecto de encuentro y serenidad conmigo misma que eso tiene. Un abrazo

teresina dijo...

Lichi,
Te encontré fácil. Cada vez que tengo miles de problemas o que pasan cosas horribles, me voy a nadar. Y me acuerdo de Kafka.

Lichi Garland dijo...

La serenidad es un bien preciado, coincido contigo Eloísa. La escritura resulta una manera de dar con ella, aunque también exige un pocotón de la misma para arrancar una línea. Un abrazo.

Lichi Garland dijo...

Teresina, que gusto tu aparición. A fin de cuentas, el gran Kafka no había convertido en un totem el desaliento. A nadar, cada vez que se pueda.