lunes, diciembre 18, 2006

El periodismo cultural es un catoblepas

Imaginar si, ensañarse no. Voy a dejar de decir que el periodismo cultural es un caballo sin jinete, para proponer que recuerda al Catoblepas, un ser imaginario que Borges describe como "una fiera de tamaño mediano y de andar perezoso. La cabeza es notablemente pesada y al animal le da mucho trabajo llevarla, siempre se inclina hacia la tierra. Si no fuera por esa circunstancia , el Catoblepas acabaría con el género humano, porque todo hombre que le ve los ojos, cae muerto".

Lo dicho, si el periodismo cultural no llega a fulminarnos se debe a que la cultura no preocupa a tantos. Da para discutir y hasta para acusarlo de cómplice de "perversiones mercantiles ", como llamó una crítica mexicana a la difusión de un perfume Frida Kahlo y seguidamente de uno Diego Rivera, pour homme, claro que si.

El matrimonio desavenido ente cultura y amarillaje viene siendo un intento de acercar la alta cultura a la cultura de masas. La torre de marfil, aquella del individuo culto que presumía de su saber no funcionó más, y los puentes comenzaron a tenderse dizque desde la posmodernidad. Hay sin embargo, resultados que no pueden verse tan puristamente. Les alcanzo un par de casos.

Uno, el del Philadelphia Museum, venerable recinto de las artes plásticas (tiene piezas de Van Gogh, Rothko, Duchamp...), sigue mencionando en su web que Rocky I recorriò sus gradas. Otro, el Museo Dalí de Figueras, incluyó en su promocionada celebración del aniversario número cien del catalán, una entrevista con Ronaldinho. También en su web, el astro del fútbol aseguraba que había estado en el museo y que aunque no entendía mucho, le gustaría regresar...

Si los caminos se han seguido haciendo al andar, lo criticable a mi entender es que se haya dejado de probar alternativas. ¿Cuantos años mantiene nuestro diario decano "El Comercio" aquello de cine y más cine, chisme caliente en materia de tv y consejitos supuestamente bien intencionados del tipo no se lo pierdan, no se lo pierdan?

Argumentar que eso es lo que le gusta a la gente y que hay que vender, es perpetuar la identidad del Catoblepas. Habría que hacer ingeniería social, como dice el filósofo Popper. Cambiar nuesto perfil historicista anclado en el así son las cosas (el mercado) y nada se puede en contra, por el afán de construir las instituciones de acuerdo a nuestros propósitos y deseos.

Sin Catoblepas, aunque también sin Icaros, el periodismo cultural está llamado a hacernos la existencia más creativa.

4 comentarios:

Carlos dijo...

Buenos días

Lo de Catoblepas no lo sabía...hace un tiempo visité una página llamada El Catoblepas...me gustó la palabra y siempre la repetía en voz alta. Con Usted aprendí su significado.

En cuanto al tema, coincido con Usted. La oferta cultural no es tan escaza como los medios nos lo muestran.

Usted menciona lo de Ronaldinho y su visita al museo. Yo le contaré, que uno de los personajes que admiro es a la Dra. María Reiche...cuando ella fue invitada a un programa de TV, cuenta la doctora que minutos antes de salir al aire, el presentador le dijo a la doctora que sobre las lineas de Nazca, hablarían como si fuera de una presencia extraterrestre y que le agregara platillos voladores...es que el presentador, decía, que así tendría mas jale lo de las lineas...para nada interesaba el tema cultural.

En una ocasión leí un comentario sobre el libro: Historia de la Estupidez Humana...me motivé a leerlo, pero de lo que leí en el artículo, nada encontré en el libro...no me pesó la lectura del libro, pero me llamó la atención la desinformación del columnista...me dije: ¿Habrá leido el texto sobre el cual comenta?

Bueno...me salió largo el comentario. Muchas gracias

Carlos

Lichi Garland dijo...

Gracias por tus líneas Carlos. La inclinación al amarillismo puede educarse. Y para no pontificar, nos toca comenzar por casa.

Carlos dijo...

Buenos días Lichi

Una pregunta,
¿Qué significa?: Y Para no Pontificar nos toca comenzar por casa.

Muchas gracias.

Lichi Garland dijo...

Hola Carlos, quise decir que no se trata de sentirse pontífices a la hora de señalar a los demás como los que se sienten atraídos por el amarillaje. Una vez hecho el reconocimiento de que es a todos, sigue aquello de que es posible educarse.