martes, diciembre 12, 2006

Enamorarse de una muñeca



La fantasía de un hombre que arroja arena a los ojos de los niños que no quieren irse a dormir; al parecer una amenaza corriente dirigida a los niños en países de habla alemana, enhebra uno de los relatos fantásticos de Hoffman. Es a su vez, punto de partida de Coppelia, coreografía que Arthur Saint Leon presentó en el Teatro de la Opera de Paris en 1870 con música de Leo Delibes.

El repertorio clásico puede enriquecerse, como decía ayer. Basta ver en que quedó la Coppelia de la francesa Maguy Marin de la que he colgado la secuencia que ven aquí. Una mujer pasea por la calle y se detiene a curiosear el gesto de un hombre mayor que saca al balcón a una mujer bella pero gélida. ¿Podrían hacerse amigas? Difícil, es en realidad una muñeca.

El protagonista original era arrastrado hacia una pasión incontrolable por Olimpia como se llama en el cuento. Nataniel la descubre fatalmente un día través de unos prismáticos. Pobre Nataniel. No puede librarse de su influjo aunque ella en virtud de un artilugio sólo pueda mirarle a los ojos y responderle ¡ah, ah!

Otra versión debe ser la de Víctor Ullate que por estos días se presenta en Madrid. Si todo es vital cuando la creatividad asoma en el horizonte. Disfruten ustedes del lenguaje coreográfico de Marin y buen día.

3 comentarios:

Eloísa dijo...

Qué rabia, ha estado en el teatro Albéniz hasta el 10 de diciembre. Estaba yo ya toda animada después de ver el vídeo, aunque imagino que el montaje de Ullate será mucho más clásico. Otra vez será. La música es preciosa. ¡Saludos!

Eloísa dijo...

Yo otra vez, que no, que no es clásico. Imagino que tú ya lo habías leído. Que dice Ullate que "todo transcurra en un laboratorio cibernético de inteligencia artificial, donde el nuevo doctor Coppelius investiga la fabricación de un androide totalmente femenino, en su movimiento y comportamiento". Pues más rabia me da no verlo.

Lichi Garland dijo...

Eloísa querida, te sugiero seguir de más cerca la nutrida cartelera madrileña.Ya ves, cuando en esta parte del globo llega alguien con un nombre, la expectativa, anula a veces el juicio crítico. Cariños.