martes, marzo 11, 2008

El efecto Pigmalión

Desde que el pensamiento psicoanalítico abrió grietas en nuestro lado racional para mencionar el inconsciente, el misterio se disipó en torno al mito de Pigmalión. Cabe reconocer que la fantasía de trastocar el mundo de los objetos o de nuestras creaciones para volverlas reales late silenciosa en nosotros. Sea en un sueño diurno o en una nocturno, dicha fantasía no afecta sin embargo nuestra capacidad de instalarnos en la realidad. Sólo una crisis que traiga por tierra el equilibrio logrado para moverse en el mundo puede hacer entrar a cualquiera al terreno del trastorno mental. Otra enseñanza de Freud con la que hago particular sintonía: no es dable hacer una distinción tajante entre la normalidad y la locura.

Volviendo al relato de la mitología, poco interesa dudar de la habilidad del escultor para lograr una imagen tan vívida en una talla de marfil. Menos suponer que el escultor enloqueciera al ver que Galatea cobraba vida. El mito del artista y el de la mujer-marfil que se volvió de carne y hueso, tiene un final feliz. La imagen de Pigmalión se incorporó al acerbo de la cultura de disintas formas. El escritor de origen irlandés Bernard Shaw escribió una obra de teatro del mismo nombre Pigmalión y en los años sesenta una película de George Cukor se inspiró en la obra de Shaw, “My fair lady”.

Por el lado de la psicología, un investigador de Harvard bautizó como “Efecto Pigmalión” la influencia de nuestras creencias sobre un juicio posterior. Robert Rosenthal dio a conocer a fines de los años sesenta el resultado de un experimento al que tituló ´Pigmalión en el aula´. El punto de partida fue la información que brindó a un grupo de maestros sobre la supuesta capacidad de sus alumnos. Había establecido los nombres al azar, pero el resultado demostró que dichos alumnos se convirtieron efectivamente en los más destacados. La expectativa de sus profesores colaboró indudablemente en ello.

Se me ocurre que podríamos agradecer a quienes de una manera u otra han ejercido sobre nosotros el efecto Pigmalión. Tal vez sea cosa de hacerles saber a quienes queremos lo bien que nos sentimos cualquier mañana. Esta por ejemplo.