lunes, marzo 31, 2008

La ilusión de la creatividad


Buen inicio de semana, estoy totalmente reflexiva este lunes. Preparo mi clase sobre la experiencia estética que se las alcanzo aquí. ¿Cómo se vive la experiencia estética? Hay teorías para todos los gustos. El punto de partida es la consideración de la forma artística como generadora de una respuesta en el espectador. El historiador polaco W. Tatarkiewicz resume las diferentes aproximaciones al tema. La postura hedonista sostiene el deleite que significa el arte para el espectador; la contemplativa asume su carácter pasivo; la cognitiva apunta al conocimiento intuitivo que posibilita. Otros enfoques subrayan la falsa emoción que suscita; la empatía que despierta en el espectador, su euforia o su carácter lúdico; sin descartar las posturas pluralistas que integran varios de los niveles mencionados.

Buscar un hilo conductor en esta clasificación es darse con el carácter desinteresado de la experiencia estética. Kant subrayó dicho desinterés en el sentido de una ´intencionalidad sin intención´ que favorecía la aprensión directa y subjetiva de la obra artística. El espectador se distancia de la existencia y la trasciende dejando fluir su sensibilidad con fines estéticos. La comprensión que obtiene en este terreno es distinta a la intelectual. La experiencia estética pone en juego la imaginación, la libertad y el entendimiento a la vez. No siempre se consigue traducir lo percibido en palabras.

Se habla de una experiencia estética ante un paisaje o un rostro, es decir frente a la naturaleza. En el caso del arte sin embargo, el espectador toma contacto con una propuesta concebida especialmente para dicho fin. La intención del artista no es otra que producir una experiencia estética, gire ésta en torno a la belleza, la fealdad, el horror, suspenso etc.

El psicoanalista Donald Kuspit se aproxima al tema del desinterés para como corresponde a su oficio, vincularlo al inconsciente. A su entender el arte nos libra de la sensación de incompletud y vulnerabilidad que nos definen. El elemento formal de la obra produce una resonancia en nuestro interior que opera como una suerte de escudo. Antes que la evasión o la vaciedad, dicho escudo produce la fecundación de nuestra ilusión.

Kuspit valora tanto la posibilidad de recuperar el sentimiento de omnipotencia infantil, aquella soñada integración al cuerpo de la madre o incluso a la totalidad del universo a través de la experiencia estética, pero también una orientación dirigida al futuro. La experiencia desinteresada del arte envuelve al espectador en una dimensión potencial para incrementar su libertad psíquica. Abre la ruta de indagación de su Yo, tanto en el plano lúdico como en el de la disciplina. El adulto encuentra en ella un incentivo para continuar la búsqueda vital en el terreno que le sea propio.

Si hay un rastro de narcicismo en esta transacción psíquica, no corresponde identificarlo con el gozo de una vuelta a la infancia. Más bien con a un despliegue de energía orientado a la acción. Con la actividad creativa de un Yo dispuesto a reconocer sus limitaciones y a operar en el inagotable afán de superarlas.

Imagen: Odilon Redon.