miércoles, marzo 12, 2008

¿Fue Adán un romántico?


Ni un poco, si se tiene en cuenta que el jardín donde vivía no le provocaba la felicidad de sorprenderse. Sólo así pudo la serpiente seducirlo. Hacerle creer que de todos los árboles de su entorno le interesaba sólo uno. Envuelta en el verde de sus hojas le señaló el fruto prohibido y a Adán le provocó morderlo. ¿Por qué sucumbiste Adán? Buscaba la sabiduría pero no la encontró, a más que el Creador lo condenó a multiplicarse. Primero vino Caín, luego Abel, y para terminar Set cuando frisaba los ciento treinta años.

Me puse a recordar al primer hombre de las escrituras, diciéndome que su deseo de conocimiento había sido por completo ajeno al espíritu romántico. Aquel que se propagó primero en Inglaterra y enseguida en la Alemania de fines del siglo XVIII, para identificar un nuevo modo de pensar en las artes. Dicho espíritu tuvo incluso resonancias políticas.

El romántico rechazaba la razón para optar por la imaginación. Los literatos, poetas, pintores y compositores identificados con el romanticismo enfrentaron la idea de progreso de la revolución industrial. Su desencanto tenía que ver con la pujanza de la ciencia y la técnica para cambiar el rostro de las ciudades y ofrecer a sus habitantes señuelos como los eran el uso del barco o el tren.

La elección de un romántico era ante todo el viaje interior. Una vez localizado el sentimiento, su corazón inflamado se inclinaba a reverenciar cualquier paisaje, ¡cómo hubiera sido el Edén! La naturaleza era un ser vivo del que la humanidad formaba parte. Los viajes se volvían bienvenidos si se trataba de tomar contacto con los restos de la civilización griega. Quien tenía los medios emprendía el Grand Tour a Italia o a un lugar pintoresco de cualquier rincón del mundo.

La postura romántica hacía eco a las dos revoluciones producidas, la norteamericana y la francesa. A los cambios políticos en el mundo había que acompañarlos de otro temperamento. Más intenso, con menos gusto por la luz que por la oscuridad, más próximo al mundo gótico que al del Renacimiento, a lo primitivo que a lo civilizado. El romántico devaluaba la belleza y su armonía para elegir lo sublime, sea la experiencia de lo extraño y hasta feo que sin embargo producía placer.

¿Hubo mujeres románticas? Esencialmente no las hubo. El romanticismo fue un movimiento masculino que hizo un lugar a la mujer sólo como inspiradora de sus sentimientos. La mujer era un ser irracional, una criatura sin lugar en sus afanes de exploración. De alguna manera, la inglesa Mary Shelley (1797-1851), hija de la primera feminista Mary Wollstonecraft y esposa del poeta Percy Shelley aludió a esta excluyente ambición masculina. Publicó en 1818 la historia de Víctor Frankestein, un médico ávido de conocer “los secretos del cielo y la tierra”. El cine logró que cualquiera sepa que hizo su criatura.

Hoy se le dice romántico a quien cultiva ciertas nostalgias y descarta el lado práctico de las cosas, incluidos los regalos. El perfil de un romántico gana todavía en hondura si como el personaje de “La casa de cartón” el relato del peruano Martín Adán (1908-1985), “transmite un sinfín de cosas perfectamente indecibles”. El romántico escriba o no versos, es por lo general un poeta.

Imágenes: Caspar David Friedrich, William Turner.