
Me digo que son invitaciones a discurrir con la libertad y la seriedad que adopta un niño absorvido por sus juegos. También, que el visitante podría hacer suyo el cartel invisible que cuelga de las paredes de cualquier exposición. Aquel que invita a la proyección en el sentido psicológico del término, es decir a esa dinámica que se genera al contrastar lo visto con imágenes o sentimientos propios. El propósito es lograr hacer contacto con ese uno/a mismo/a que reside en el propio interior. Una suerte de ¿aló yo mismo/a?

Me centro en el mundo de las imágenes para recordar que aquellos a los que la cultura nos ha enseñado a llamar artistas les corresponde hacernos experimentar el mundo con los ojos más abiertos. Si se quiere, con la piel menos adormecida. Que haya buenas y malas exposiciones, no quita lo dicho.
A decidirlo nosotros mismos después de detenernos en lo visto y pasar por colador la mencionada frase del no entiendo. Quizás aunque suene hueco, podremos entonces reparar en lo que desde nuestra verdad interior cada uno no entiende.
Imágenes: INJUVE, exposición del Centro Cultural España.
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