martes, julio 15, 2008

Un padre que daba miedo

´Tengo miedo´ es el título de un acápite de ´Humanidad´ libro de Stuart Walton que trata de las emociones. La primera parada del autor es el temor y las siguientes la felicidad, la ira, el asco y la sorpresa, reacciones que el legendario Darwin identificó como emociones básicas. Del temor dice Waldon, que mantiene a quien lo experimenta en la presunción de que le puede ocurrir algo malo, incluida la posibilidad de una emboscada.

Con la intención de hacer más claras las cosas, Walton ejemplifica el miedo con aspectos de la vida de Federico II, rey de Prusia, personaje que para el lector de esta parte del globo resulta por completo ajeno. De hecho las dinastías al otro lado del charco no han sido por aquí materia de estudios precisos, de allí que haya que ubicarse en el tiempo antes de comprender el miedo del monarca del siglo XVIII.


Don Federico II (1712-1786), Fritz como le llamaban sus súbditos, fue soberano del territorio que se convertiría después en la actual Alemania, a sus ventiocho años. Fue el primer hijo varón de Federico Guillermo I conocido como el Rey Sargento, un hombre que militarizó su reino incluida la vida cotidiana con su familia. Drástico y de poca estabilidad emocional el primer Federico se dedicó a maltratar física y psíquicamente a su hijo. Poco le importaba que sus guardias, algunos miembros de la corte, o su propia esposa estuvieran presentes. El pecado de Fritz quien recibió el grado de oficial a los seis años, y a los siete estaba ya entrenado en el manejo de armas, era ser considerado por su padre como un individuo poco masculino.

El chico tomaba en apariencia con resignación la aversión de su padre. Influído por su madre, se inclinaba hacia las letras e incluso hacia la música, a escondidas había aprendido a tocar flauta, leía a los filósofos de la Ilustración y se expresaba en francés. La paliza que recibió un día al ser descubierto por su progenitor con guantes, fue al decir de Walton implacable, pero ni aún así Fritz mostró deseos de rebelarse. Del lado de su padre, cada cierto tiempo y tras un arranque de violencia parecía caer en una porfunda melancolía. Tal vez se sintiera culpable de tanta crueldad, pero al pasarle el remordimiento volvía a la carga contra Fritz.

Por fin a los dieciocho años el vástago se decidió a abandonar sigilosamente la corte paterna rumbo a Inglaterra en compañía de su amigo el teniente Von Katte, su padre lo había dejado sangrando tras arrastrarlo por los cabellos, pero el plan fue descubierto y Von Katte decapitado ante sus ojos.

Si Fritz se escapó de la pena de muerte no pudo librarse del matrimonio que le arregló el ogro paterno. A los diecinueve años se casó con una noble de dieciséis con la cual viviría sin tener descendencia. El estado de intimidación en el que vivió Fritz terminó solamente el día en que su padre murió y el ocupó el torno. ¿Cómo se condujo entonces como gobernante y cuáles eran los miedos que lo asaltaban?

Prosigo mañana...