lunes, abril 09, 2007

Ese dulce mal

Pasé estos días leyendo "Ese dulce mal" de Patricia Higshmith, una novela sobre la ilusión llevada al tope. Higshmith, norteamericana nacida en Texas y fallecida en Suiza en 1995, escribió su relato en 1960. El protagonista David Kelsey, de treinta años, químico de profesión resulta sin embargo hiper actual. Sólo en las primeras páginas me costó aceptar que David escribiera cartas y no enviara e-mails, pero eso de sucumbir al "dulce mal" o a "La Situación" como él mismo la llama; es decir a una fantasía a la que se siente incapaz de renunciar, podría pasarle casi a cualquiera sin fecha precisa.

A grandes rasgos, David vive en una pensión en Nueva York y los fines de semana se escapa a un pequeño pueblo donde ha comprado una casa. Su casera y los otros huéspedes creen que pasa esos días acompañando a su madre enferma. No pueden imaginar que con una identidad ficticia da rienda suelta a su obsesión por Annabelle. Cree vivir el fin de semana con ella, imaginándola presente hasta en los más mínimos detalles. Comen juntos en amena charla. La cruda realidad es que su ex-novia está casada con otro y aunque no le ha dicho con claridad que no hay futuro para ambos, sólo ha respondido unas cuantas veces a sus cartas.

Se dice que a Highsmith le interesa la mente humana y en particular la posibilidad de que alguien a quien se tilda de normal, pudiera verse de pronto involucrado en situaciones sombrías e incluso criminales. De seguro su habilidad para intuir nuestro lado oscuro y trasladarlo a sus personajes desnuda como lo puede hacer un fotógrafo o un pintor.

Buscaba una referencia por la época y me dí con la imagen de Marilyn Monroe hecha por Richard Avedon. La foto obvia el glamour de la actriz y su postura de símbolo sexy fabricado para dar paso a su fragilidad e incluso a su vacío. En este caso, el que Marilyn decidiera representar su propio papel como diva podría pasar por ser ese dulce mal.

Como se sabe desde la psicología, una infancia desdichada, cierta inclinación a la soledad, algunos rasgos obsesivos y/o el infortunio de no encontrar a alguien que le haga ver a uno en la que se está metiendo, pueden contribuir a mantener un "dulce mal" como norma de vida. Es difícil encontrar entonces la salida.

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