viernes, septiembre 07, 2007

La tortura del indicio

He estado recordando estos días "Un amor perdurable" (1997), novela de Ian McEwan que le da un giro de tuerca al concepto de paranoia tal como se lo entiende de manera corriente e incluso, en términos generales, en la clasificación psiquiátrica. El relato de McEwan es un brillante desarrollo acerca de la imaginación puesta en marcha para detectar los mensajes de alguien que nos interesa sobremanera a partir de los supuestos indicios que ese alguien deja en la vida cotidiana. ¡Vaya con el poder de la mente para negarse a aceptar que el propio deseo no es ni remotamente correspondido y que la ilusión ante un imposible es mejor que el propio vacío interior!


"Un amor perdurable" trata de la relación entre 
Jed un hombre solitario proclive a los temas religiosos que tras recibir una herencia imprevista se dedica a vagar por ahí, y Joe un profesor universitario reputado por sus publicaciones sobre temas científicos. El encuentro entre ambos hombres se inicia de manera fortuita un mediodía soleado en el que cada quien ha buscado un rato de esparcimiento en un bosque cercano a la zona de Christmas Common al sureste de Inglaterra. Joe está con su novia Clarisse y Jed de paseo.


Los gritos de los tripulantes de un globo aerostático que amenaza sobrevolar sin control por las colinas del lugar o caerse a un barranco, los lleva a correr en dirección al aparato sin saber en realidad como ofrecer un auxilio efectivo a sus ocupantes. Lo que Jed y Joe han tenido en común ha sido sólo una reacción humanitaria, pero he aquí que para Jed ésta y la mirada que le dirige Joe como diciendo qué haremos, bastan para comenzar a tejer una historia de acoso y suspenso amoroso.

La mente de Jed se convierte en una maquinaria infernal que segrega enlaces de mensajes por todos lados. Su paranoia poco tiene que ver con la persecución de fuerzas oscuras que quisieran hacerle daño, es más bien un delirio que gira en torno al amor de Joe. A juicio (?) de Jed, Joe no se decide a abandonar a Clarisse para entregarse a su rendido amor.

En la nosografía psiquiátrica el episodio se asocia al Síndrome de Clérambault, un suerte de psicosis pasional descrita como el convencimiento de las insinuaciones que el otro deja en la forma de rastros en la realidad.

Sólo se puede decir, ¡pobre Jed! No hay casi como dudar de que sea mejor hacerse cargo de los propios vacíos...

Imagen: Jones Allen.

2 comentarios:

Eloísa López Periodista dijo...

No había oído hablar de ese libro ni del Síndrome, pero me han parecido interesantísimos. Escribo pocos comments lately pero sigo leyéndola miss Garland. ¡Saludos! Eloísa

Lichi Garland dijo...

¡Qué buena reaparición querida Eloísa! Te diría que busques la novela, ¡tiene una cosa! Cariños.