lunes, septiembre 15, 2008

Por una danza no previsible


Tras perderme la primera presentación de 100% Cuerpo, me pide Jaime Lema director del evento, que haga un comentario de “Islas”, pieza con la que Ducelia Woll participó en la segunda edición del Festival de Danza Independiente de la Alianza Francesa. Ahí voy. Las imágenes en movimiento de ´Islas´ funcionan como un breve relato. Un creador andrógino interpretado por Morella Petrozzi, abandona su cielo para pegar una mirada al universo humano. Le basta iniciar su recorrido para toparse con un grupo de criaturas inertes.Todas parecen estar muertas o dormidas. ¿Qué hará el dios? Su decisión es reanimarlas por la vía de un curioso ritual. Tal vez lo había incluso previsto ya que el creador ha traído de sus alturas una soga. Le basta tomar uno de sus extremos y con gesto fiero llevárselo a la boca para poner en circulación la energía de la vida. ¡Vaya! Un fellatio en regla que convierte una cuerda en órgano fecundador. El caso es que cumplida la tarea el creador se va y los seres quedan expuestos al mandato de su misma naturaleza. ¡Qué dolor! Todo es entre ellos pesar y confusión. Sus enfrentamientos están teñidos de violencia, envidia y celos. Amor cero, alegrías menos. Cuando el dios vuelve a escena, no parece ni arrepentido ni complacido de su afán. Los seres no salen de su enredo, aunque un mago surgido prácticamente de la nada parece sugerir la posibilidad de un vago cambio.

Me pongo en primer lugar a favor del tesón de los bailarines y la confianza que a ojos vistas depositan en su directora y maestra. El estado físico del grupo es impecable, sobre todo si se toma en cuenta que la mayor parte del elenco dejó atrás la veintena. “Danza Viva” la compañía de Ducelia, se asomó a la escena local hace varios años y algunos rostros de ´Islas´han participado en su peregrinar.

Valoro a continuación, el interés de Woll en dejar entrever su desazón frente a nuestro cotidiano y globalizado vivir. En realidad ha convertido el tema en el motivo de sus composiciones. He aquí sin embargo, que su afán crítico compite con la posibilidad de poner en escena matices. Ojalá su pieza tuviera una continuidad de movimiento que no descartara la sorpresa. Digo, cortes y cambios de ritmo que sostengan la atención del espectador. En ´Islas´ falla la idea de una visualidad menos literal.

Leí de pasada una entrevista a Ducelia en un diario local en la que daba cuenta de la soga como hilo de Ariadna. A mi modo de ver, los símbolos que propone el coreógrafo pueden con toda legitimidad admitir sentidos diversos para quien los sigue desde las butacas. La danza no debe dedicarse a ilustrar ideas y conceptos. Debe metérsenos en los ojos y en la piel como un todo articulado que juega con dinámicas distintas. ¡Basta de secuencias previsibles! Uno puede quedarse en casa a escuchar un buen trozo de música de Philip Glass…

En cuanto a Morella la he visto lejos de sus logros, incluso de los literarios. Nunca me pareció más preciso el espacio que le asignó a la danza cuando por alegoría la mencionó en su cuento ´Angst´: “Recogí de la calle a la perra enferma, triste y fea. La llamé Danza (…) La despegué del piso levantándola del rabo que parecía un cordel. Me miró con ojos de murciélago. Tenía la piel escamosa y sangrante (…) No ladró. No mordió. La metí dentro de una caja de zapatos. Así de pequeña era”.

A la danza en Lima le toca dejar esas dimensiones. Ampliar sus horizontes. Crecer.