lunes, septiembre 01, 2008

Un vistazo a Miami


He pasado el domingo en Miami, ciudad convertida en puerto de entrada para latinos que ingresan a los EE.UU.. El cuerpo se acostumbra al aire acondicionado desde el avión, y al poner los pies en la tierra mantiene la frescura casi en todo lugar: el carrro, una casa o una tienda. Otra cosa es darse una vuelta por la playa incluida la hospitalaria Lincoln Road.Los treinta grados de temperatura hacen preguntarse entonces si uno viviría en una ciudad que funciona con tal cuota de energía. El frío y el calor crean dos universos paralelos.

Un viento benévolo agitaba sin embargo las palmeras y llenaba el mar de chupinas. La superficie del agua más parecía un decorado de pastelería, la capa de un merengue, que parte del oceáno. Se sabe que los miamienses se las ven de tanto en tanto con algún huracán. Los más voraces se llevan consigo hasta los techos de las casas y ni que decir a los humanos desprevenidos que transitan en carro. Es un alivio enterarse de que el viento actual es solo una brisa y que el huracán devastador que se ha anunciado, ha seguido su rumbo hacia el oeste. A pasear entonces con tranquilidad por la arena y enseguida a lo largo del malecón donde prosperan decenas de negocios. El pretexto de comer, beber o tomar un café es un motivo para dejar pasar el tiempo en compañía. Reina un bullicio por completo ajeno a la tradición religiosa que identificaba el domingo como fiesta de guardar. Tampoco es el domingo de quienes por prudencia y en vista del trabajo del día siguiente, se retiran a descansar a sus casas. Es un hecho que por aquí no se excluye celebrar también la víspera del comienzo de la semana laboral. Quién sabe si todos están de vacaciones, o que el lunes se comienza tarde.

He visto un par de cámaras de tv.. La primera haciendo foco sobre una modelo que exudaba todo el glamour que cabe para posicionarse en un canal de estrellas. La segunda paneando entre los parroquianos desde la cabina de copiloto de una camioneta. Gente que la pasa bien, se puede decir. Bien, una palabra que quiere imponerse en un solo sentido en nuestras psiques globalizadas. Un comentario al vuelo, en vista de las elecciones generales. Se teme que gane el candidato republicano. Las quejas crecen en torno a su vicepresidenta. Es antiecológica se dice, le gusta la cacería, usa pieles y para nada entiende el peligro del calentamiento global. Ay, con el futuro no tan diferente que se aviene.

Hoy lunes espero un vuelo doméstico para enrumbar al aeropuerto de Narita en la ciudad del sol naciente. Pasajeros con rumbo a Dallas, oigo la llamada del segundo tramo de mi recorrido para aterrizar en Tokio. A someterse a la inspección minuciosa de la aduana, equipaje de mano a la cinta transportadora, without shoes please. Todo más cordial que el año pasado, pero tedioso. Subo al avión sin más tiempo que el que tuve para poner estas líneas.¿Qué encontraré en el Japón?