miércoles, octubre 29, 2008

Avive el seso y despierte


La profesora argentina de estética Graciela Sarti, adelanta desde el título de su ensayo ´Actualidad de lo dionisiaco´ la vigencia del principio que a juicio de Nietzche constituye una de las fuerzas de la vida: lo dionisíaco. Según el filósofo de ¨El origen de la tragedia" (1871), nuestro transcurrir vital tiene en lo dionisíaco su fuerza dominante, al punto que logra hacernos vivir tanto el sentido trágico como el gozoso de la existencia. No se presenta sin embargo sino en contraposición de lo apolíneo. Recuerda Sarti que ambas cualidades toman sus rasgos de dos dioses del Olimpo griego: Apolo y Dionisos. Apolo la divinidad del don profético que se materializa en la forma, y, a un nivel más profundo, representa el principio de individuación. Dionisos el dios del vino, cuya imagen puntualiza la unión entre todo lo viviente y al expresarse en la embriaguez y la fiesta resalta el valor de las acciones en comunidad.

Para Nietzche, la relación complementaria entre ambos dioses se muestra en mitos, ritos y en la tragedia griega. En lo que toca a la tragedia, es apolínea por los conceptos comunicados a través de sus personajes, y dionisiaca por el lirismo grupal que manifiesta en la pluralidad del coro.

En este marco Sarti introduce al espectador generado por las expresiones de la cultura de masas del siglo XX. Ofrece ejemplos del cine y la literatura, como también de los eventos deportivos y musicales. El espectador observa Sarti, se convirtió en el celebrante de un ritual en el cual se olvida aunque sea brevemente, de los límites de su Yo. Claro que a diferencia de la audiencia griega, la moderna vive en un ambiente de consumo y desinformación. De allí que la desaparición de la subjetividad individual en pos del ánimo que reina en un espectáculo grupal, corra el riesgo de hacerse inútil. No tiene como contrapeso el sentido de la vivencia comunitaria.

El Dionisos invocado hoy no permite ya disfrutar de la unidad entre un hombre y otro como la que pudieron experimentar los espectadores de la tragedia. Hay perversión y alienación donde debiera debiera haber una fiesta que garantice un tiempo de juego. A la vez, se diluye la subjetividad y el hombre-masa acata una agenda banal digitada por los medios. No hay adonde ir.
Para recordar una de las coplas de Manrique (1440-1479): (…) avive el seso y despierte/contemplando/cómo se pasa la vida,/cómo se viene la muerte/ tan callando,/cuán presto se va el placer,/ cómo, después de acordado,/ da dolor (...).

Termina Sarti con las palabras de Nietzche: “Preocupados, más no desconsolados, permanecemos un momento al margen, como hombre contemplativos a quienes les está permitido ser testigos de estas luchas y transiciones enormes. ¡Ay! ¡La magia de esas luchas consiste en que quien las mira tiene también que intervenir en ellas!”.

Texto de Sarti en "Cuestiones de arte contemporáneo". Elena Olivares (ed), Buenos Aires, Emecé Editores 2008.

Imagen: Harry Chávez (1977) en el Centro Cultural de la U. Católica.