jueves, octubre 30, 2008

Un mundo para Alicia


















Las instalaciones del argentino Leandro Elrich (1973) me hicieron recordar el sueño de Alicia, el personaje de Lewis Carrroll (1832-1898). Difícil olvidar la historia de la niña que le sigue la pista a un conejo blanco rumbo a su madriguera y termina peleando con los personajes salidos de un mazo de cartas. Uno de ellos, la Reina de Corazones, la amenza incluso con hacer que le corten la cabeza. Al despertar Alicia, su hermana que había estado todo el tiempo sentada a su lado en la ribera de un río, aún duerme. La protagonista se dice que no ha terminado todavía su periplo por el país de las maravillas y, de alguna manera se apena porque al abrir los ojos tenga que darse con la insulsa realidad.

El asombro que produjo el cuento del británico Charles Lutwidge Dodgson al momento de publicar su narración con el seudónimo de Lewis Carroll, provenía de haber escapado de los moldes establecidos. Las historias no eran por entonces fantásticas sino moralistas. El mundo onírico no había sido aún reconocido como el extraordinario espacio del inconciente que libera al durmiente, Freud publicaría "La interpretación de los sueños" en 1900.

En el mundo actual un artista como Leandro Elrich conjuga no sólo la plástica sino la arquitectura para hacernos soñar a plena luz del día. El realismo de sus instalaciones parece un juego de trompe l`oeil, cuyo propósito va sin embargo más allá del afán decorativo. Nos propone mirar el extraño y amplio mundo de objetos cotidianos como si los viéramos por primera vez. Las artes visuales del siglo XXI parecen haber heredado el papel de la literatura para jugar con nuestra imaginación. En este caso no se trata de cerrar los ojos, sino de abrirlos.

Imágenes: Leandro Elrich.

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