miércoles, octubre 22, 2008

Turbulencias a la peruana








Que se sepa, las madres y padres de las chicas que salen en la tv para entonar cumbias peruanas, están más que complacidos. El sueño de ver a sus hijas convertidas en ídolos musicales los lleva a hacerse de la vista gorda, frente a los descarados trajes en los que éstas se enfundan para mover el caderamen. Pasan por alto  que las lentejuelas fueran hasta no hace mucho sólo para las vedettes. Los tiempos cambian y la tv. como el negocio de la música y el fútbol hacen pensar en la entrada de dinero a manos llenas, siempre que se satisfagan de algún modo las bajas pasiones. Se vive pendiente del contrato jugoso que llevará a la familia entera al ascenso social. Puesto en bienes todo será entonces la casa lujosa, el carro último modelo, ropa nueva, abrir una cuenta bancaria y viajar quien sabe a qué destinos después de visitar a los parientes radicados en Nueva Jersey, Los Ángeles o Miami (los que salieron huyendo de un país sin puestos de trabajo).


Así las cosas, no es difícil imaginar que los santos locales entren en la danza. Tengan un aggiornamiento. Quiero decir, que los mencionados progenitores, una buena parte migrantes de la sierra radicados en Lima, hagan gala de un particular fervor a la hora de incluir en sus peticiones el destino musical de su prole. A San Martincito, al Señor de los Milagros, a Santa Rosa o a la Sarita Colonia, iconos de la religiosidad sobre todo limeña, el ruego de interceder ante el destino para que el pimpollo de la familia venda muchos discos. Se encienden las velas de rigor, ¿y que todo siga tal cual? Los santos en mención deben haber acusado recibo de los cambios de nuestra psicología. Si la juventud de los sectores populares se ha destapado mostrando una sensualidad hasta no hace mucho desconocida, por qué ellos no iban a hacerlo también.

Cristina Planas parece captar el nuevo vaivén corporal y transferirlo a las figuras sacras. En su última muestra “La migración de los santos” San Martín de Porres y los ya mencionados, lucen sus anatomías cubiertas sólo por ropa interior y hasta sonríen nada celestialmente. Es evidente que han sido pensados para estar en una galería y no en una iglesia. Planas acompaña sus figuras de mensajes como “no se gana pero se goza” o “sí se puede” dichos que como una forma de darse aliento forman parte de nuestro imaginario.

Para quienes la representación de imágenes religiosas con una apariencia ajena a la establecida merece un voto de censura, la artista se pasa de la raya. Un lector indignado de que un diario haya hecho una reseña de la exposición escribe: “¿Somos los católicos, acaso, personas de segunda para no ser respetados? ¿Es eso la “libertad de expresión”: libertad para ofender a través de cualquier medio de comunicación?”

Del lado de los padres de las vírgenes y no tan vírgenes de la cumbia es posible que la exposición les pase inadvertida. Están en los suyo, lo que quiere decir alentando a sus hijas para que les suceda lo que dice la letra de la canción que se convirtió en un éxito radial: “Ver mi imagen en el firmamento y que me adoren ese es mi anhelo, quiero en la vida cumplir mi ilusión quiero en el cielo yo ser una estrella subir volando con esta canción ir brillar muy alto y ser la más bella”.

El trabajo de Cristina Planas como corresponde a una propuesta ubicada en el campo de las artes visuales contemporáneas, materializa, da forma, alude  a lo que vivimos. El fenómeno migratorio nos ha embarcado en un viaje. La violencia y la corrupción han hecho otro tanto, de allí las armas que parecen resguardar al Cristo moreno. En ambos casos la fila de asientos de avión revestidos con la bandera bicolor y ubicada a uno de los lados de la galería, parece sugerir las características del vuelo. Atención, que la travesía no es sencilla, las turbulencias a la peruana han hecho necesario descolgar las máscaras de oxígeno.

Imágenes: Sarita Colonia, Santa Rosa en pleno traslado, Señor de los Milagros, espectadora atenta delante de los asientos de avión, San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima.