martes, febrero 27, 2007

El precio de las cosas sin precio

La imagen y el titular van en plan de divorcio. El game boy, la consola portátil de Nintendo cuesta y bastante. Tengo algunas preguntas:
  • La empresa que ha vendido millones de unidades en el mundo, ¿está echando a perder la imaginación infantil; la misma que se expresa cuando el niño se siente aburrido y dice, no se qué hacer?
  • ¿Hay un proyecto implícito del individuo del futuro, en esos niños que pasan buenas horas de su infancia apretando los pulgares en una de estas consolas?
  • ¿Podemos imaginar a ese individuo que hoy tiene alrededor de diez años, a sus quince o dieciséis?
  • ¿ Hasta que punto deben los padres regular el tiempo que sus hijos pasan frente a la consola?
  • ¿La atención hipnótica y la rapidez motora que el juego demanda, socavan las bases de la creatividad infantil?
  • ¿Están de verdad jugando los niños, al apegarse a estas consolas?
  • ¿Ya no es necesario ensuciarse durante la niñez?; ¿convertir en caballo la escoba, o usar la cabeza para sentirse con superpoderes que no lo son?
  • ¿Será mucho pedir, el esperar que se sumen ustedes a este juego de preguntas, pensando antes que en el discurrir de corte estrictamente psicológico, en el precio de las cosas sin precio? Es decir, el diálogo curioso, el compartir...
  • 2 comentarios:

    Eloísa dijo...

    Creo que detrás de tanta consola también hay padres que aparcan cómodamente a sus hijos en ellas; es que jugar con ellos, salir al parque, al cine, al zoo, al teatro, enseñarles a patinar, esquiar..., todo eso lleva tiempo, paciencia, ganas, dedicación. Eso sí, yo estoy convencida de que niño que juega en la realidad no virtual, niño más feliz. Al menos, saber combinar, y eso requiere límites. Besos, Eloísa

    Lichi Garland dijo...

    Saber combinar como suele,sale ganando, coincido contigo Eloísa. También en aquello de que la educación de los hijos exige un tiempo que a veces no se está dispuesto a conceder.Un abrazo.