
La intención de Gego (1912-1994), escultora de origen alemán que recaló en Venezuela y desarrolló allí la mayor parte de su obra, tiene que ver con la necesidad de trasladar los trazos del papel al espacio mismo. Su iniciativa ha liberado varios tipos de texturas metálicas de su función como materia prima industrial. El resultado ha sido convertir el espacio transparente donde se ubican en un lugar vivo que interactúa con el visitante.
Tanta innovación plástica no ha merecido sin embargo reconocimiento sino después de la muerte de la artista. Galerias latinoamericanas y europeas han montado desde entonces antologías de su trabajo.

Afortunados en tanto que, para decirlo con la licencia poética de Mondrian, si no podemos liberarnos a nosotros, debemos al menos liberar nuestra visión.

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