miércoles, abril 16, 2008

Imaginación e Intimidad

Qué ácido se puso Tom Wolfe en “La palabra pintada”, un ensayo sobre el arte moderno y su raleado público. Corrían los años setenta y las artes plásticas terminaban de desequilibrar la mirada de quien insistiera en contactar con ellas a la manera tradicional. Era ´crucial´ subraya Wolfe, disponer de una teoría al respecto. Yo-me-mi-conmigo, ¡no puede ser! El periodista menciona su recorrido por las galerías con Manhattan con los ojos alternativamente bizcos o redondos como platos a la espera de percibir con ese recurso, el algo que se decía emanaba del mundo abstracto de un Pollock o un de Kooning.

¡Nada!, pero cuánto de qué hacer ironía. ¡Prácticamente de todo! Las palabras de Frank Stella otro abstracto en la escena de esos años, motivan la hilaridad de Wolfe. La cita es del mismo Stella: “Mi pintura se basa en el hecho de que sólo está en el cuadro lo que está en el cuadro. Es de verdad objeto…lo que ves es lo que ves”. Comenta el autor de “La palabra pintada”. “¡Vaya énfasis, vaya certeza! ¡Qué fuerza, qué condición de dogma patriótico puede cobrar una idea…”

Donde se descose Wolfe, en el sentido de que un escritor pueda acaso poner al descubierto el centro mismo del órgano de la risa, es en el capítulo que titula “No se invita al público (nunca se le ha invitado)”. El autor intenta un diagrama para identificar el número probable de habitantes de Culturburgo, la ciudad imaginaria cuyo afán es estar siempre a la última en materia de arte.

Sumas van y vienen, Wolfe concluye que la población podría redondearse en diez mil almas. ¡Una aldea!, evidentemente el círculo de quienes habitan en las metrópolis ´pufis´ del globo.

Me divierte el estilo de Wolfe, pero a tres décadas de su palabra pintada, la publicación ha perdido lustre. Es una opinión más entre el conjunto de miradas desesperanzadas en la experiencia estética. En la otra orilla están quienes sin negar no sólo el interés comercial sino el afán de lucro que recorre el mercado del arte, mantienen la mirada en lo que pueda seguir siendo considerado buen arte.

Me incluyo en esta visión y para no olvidar los hechos, menciono mi recorrido de hoy por tres galerías limeñas (de actualizar Wolfe el afán de mapear el mundo culto, las ignoraría por completo).

Estuve en una muestra de un museo travesti que incluía un video sensacional: Anastashia; en un taller de serigrafía con participación del público y en una muestra de arte figurativo inspirado en algunos textos del poeta peruano José Watanabe que falleció no hace mucho. De esta última muestra, cuya autora es Denise Mulanovich, son las imágenes que les dejo.

¿Cómo negar que la actividad artística en cualquiera de sus formas sea un espacio privilegiado para que discurra la imaginación y con ella nuestra más inquietante intimidad?


Imágenes: La parte blanda de la montaña y Ser de otra sustancia de Denise Mulanovich, hasta el 28 de abril en la Galería Forum.

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