jueves, abril 17, 2008

Un sólo de risas


El artista chino Yue Minjun(1962) ha convertido la carcajada en su sello de fábrica. Sus personajes causan extrañeza tanto por su dentadura supernumeraria como por su empeño en mantener una actitud carnavalesca. Se ha dicho que lo suyo es una manera peculiar de representar a una humanidad dolida hasta la médula, por el doblez de los gobiernos.

Minjun inició su denuncia después del violento acallamiento del gobierno comunista a una mayoría conformada por estudiantes reunidos en la Plaza Tian´anmen(1989). El poder optó por negar los hechos y silenciar incluso el número de muertos, por lo que un grupo de artistas identificados como realistas cínicos comenzaron a referirse al suceso de maneras distintas.

Se señala a Minjun entre ellos. Su primer lienzo retrató un fusilamiento en el que tanto víctimas como verdugos parecen presas de un ataque de histeria. Un intento de condensar la desesperación en una mueca estereotipada que el artista no pudo ya abandonar.

Como fuera, Menjin se mueve no hace mucho en el circuito de las transacciones astronómicas que caracteriza al arte contemporáneo. Se vende en EE.UU y se ha hecho un lugar en Saatchi, la galería londinense dueña de una colección de tesoros y extravagancias. Desde allí un Menjuin por el que se pagó más de cinco millones de dólares seguirá diciéndole al espectador que hay que reir para no llorar.

¿Otra cuota de cinismo? Si como dice un crítico, estamos ante una estética del estallido, hay que cuidar que no sean también nuestras neuronas las que salgan en estampida al intentar comprender el rumbo que toman algunos empeños artísticos.