miércoles, agosto 27, 2008

Aires y desaires


El punto es una supuesta cadena de desaires. A y B son dos mujeres emparentadas por el matrimonio de una de ellas. A se ha casado con el hermano de B y aunque cuñadas ambas en sus cuarenta, no han encontrado ni en la edad ni en ningún otro tema un motivo para acercarse. En realidad se tragan apenas, así que su trato se limita a las reuniones en las que coinciden, obligadas en cierta manera por el parentesco político. El episodio se inicia con la muerte del papá de B, suegro pues, de A. Prosigue con la iniciativa de la madre de A, quien para cumplir con las maneras usuales, decide llamar a la madre de B y darle el pésame. Sin embargo no lo logra porque B que contesta el aparato, le dice que su madre no puede atenderla. B ha sido probablemente más parca y menos amable de lo que suele, dada la pena que vive. No hay cómo pasar por alto que el fallecido es su padre. Mmm, tener en cuenta lo que podría estar viviendo el otro no es siempre un pensamiento y una actitud que se cultiven. En todo caso tal comportamiento es no habido en la psique de la madre de A. Basta tomar notar de que no bien deja el aparato telefónico, lo vuelve a descolgar para comunicar a su hija que ha sufrido un desaire. A, la escucha indignada. Se entiende que desde un inicio coincide con su madre en cuanto que ésta haya sufrido efectivamente un desaire, y prepara su venganza. ¿Pueden imaginar lo que ocurre? El siguiente encuentro entre las dos cuñadas, es la oportunidad elegida por A para devolver el supuesto maltrato. El dolor y tristeza que podría unir al grupo en duelo pasa así a último plano. En la próxima reunión familiar A ejecuta su plan. La secuencia de saludos a su parentela política se interrumpe cuando llega a B a quien dirige sólo un ah, hola. ¿Será tan dulce la venganza que el vengador no anticipa el efecto de sus acciones? B deja pasar un segundo apenas antes de levantarse de su asiento y proferir, ante la supuesta congoja familiar, que ¡es la última vez que tolera un desaire de A! Sigue que B se retira del lugar y que su hermano, el marido de A, toma partido por ella. Va detrás de su pariente para atenuar el desaire, pero no la convence. En fin…

Si se nos dijera que somos agricultores, tendríamos que responder Se equivoca usted. Labrador es en cambio, un término más amplio y si efectivamente identifica en primera opción a quien vive en el campo y trabaja la tierra, se asocia también al verbo crear. Fulano es el creador de su propia desgracia se dice, y, en el mismo sentido Mengano está labrando su desdicha. Cada uno labra su propia desdicha como su propia felicidad, concluyo como Paul Watzlawick en su libro “El arte de amargarse la vida”.

El autor cita en su final a Dostoievski en ´Demonios´: "Todo es bueno...todo. El hombre es desdichado, porque no sabe que sea dichoso. Sólo por esto. ¡Esto es todo, todo! Quien lo reconozca será feliz en el acto, en el mismo instante..."

Imagen: Allen Jones.