lunes, agosto 25, 2008

Seso y tecnología


Jóvenes que responden al teléfono. ¿Quiénes operan como guías, cuando de efectuar un trámite por Internet se trata? Imagino que son profesionales que han ingresado no hace mucho a la empresa que les encarga brindar un servicio supuestamente cordial al público. Me pasó hoy necesitar este tipo de comunicación eminentemente auditiva y el primer servicio fue del servidor de la Red, dije, Si miren, el modem de mi PC dejó de funcionar sin que aparentemente parezca estar malogrado; enseguida hablé con una compañía de aviación, Quisiera actualizar el millaje de mi tarjeta viajera; y, finalmente con un banco, Ocurre que he cambiado de tarjeta y al querer hacer un pago por la Red he comprobado que la activación no había sido automática... En todos los casos, la comunicación funcionó así que no tuve que lamentar pasar parte de la tarde pegada al aparato telefónico y a Internet en su versión institucional. De hecho usaba un lenguaje que por lo menos en Lima, parece recién estarse poniendo en circualación. Según el tipo de consulta de la que se trate, uno selecciona un número de la botonera del teléfono. En el caso de un banco, o de una compañía de aviación, hay que anotar enseguida el número de su tarjeta y de su documento de identidad para entablar un diálogo con el operador de turno. Atención, se oye, le comunicamos que por motivos de seguridad esta conversación puede ser grabada. Una pausa, un último ring y por fin del otro lado alguien lanza un, Gracias por llamar a...le habla bsssbsssbsss, ¿en qué puedo atenderla? La antesala para entrar a la web del caso.

Me ocurre mantener un trato amigable con distintas ramas de la tecnología, lo que significa que no podría formar parte de una estadística promedio tomada con gente de mi edad. No es ya tan frecuente, pero hasta hace no mucho legiones de mujeres se resistían incluso al e-mail. Quienes frisan los veinte o los treinta parecen incorporar el manejo tecnológico en cambio, con amplia naturalidad. Sin olvidar que la cosa va para atrás. A inicios del 2008 comprobé que un curso de informática forma parte de la curricula escolar para un estudiante de siete años.

En medio de mis llamadas me vino a la cabeza la aceptación que podría tener un servicio de gestiones vía Internet, para la mediana edad (es decir ofrecer a gente mayor hacer sus trámites vía esos jóvenes por lo general amables). Lo digo sin la conmiseración con la que suele consignarse la edad en nuestro planeta. El enfoque publicitario reserva la promoción de la tecnología, el baile (entendido como agitación y meneo), el plan erótico y las bebidas espirituosas para los jóvenes. A quien deja la treintena, le ofrece en cambio un futuro de productos rejuvenecedores, panetones endulzados que se comen cerca de los nietos o seguros de vida. Nunca seguir perteneciendo al sistema de operaciones que implica poner en uso algo de seso.

Hablando en serio no sé adonde voy. Embarcarme en discusiones sobre el abismo generacional me apetece un rábano. Sólo recordar que en los años sesenta se había puesto ya la cosa al rojo vivo con aquello de ´Don't trust anyone over thirty´ (No le creas a nadie que pase de los treinta). Traigo también a la memoria el hippismo que consideró que llegar a los cuarenta se podía subsanar invocando un mundo utópico vìa el consumo de drogas y la promiscuidad sexual. Los hijos de quienes mantuvieron esta postura salieron otra vuelta conservadores como los abuelos. En fin...hoy todo indica que se trata de decidir cuál será la pauta de nuestras relaciones con la tecnología. Y si decidimos o no usar el seso en ella.

Imágenes. Ron Mueck.