martes, agosto 12, 2008

El conejo de Alicia


Un buen pie de entrada para fantasear es que te den el visto bueno a la solicitud de visa del país del sol naciente. Sólo nos queda recoger el documento de la Embajada de Japón la próxima semana. Hablo en plural porque mi viaje es lo que se dice como princesa consorte ( y con suerte) ya que acompaño a mi esposo a un congreso de su especialidad. ¿Y qué vas a ver me pregunta alguien conocido? Dado que estaremos entre Yokohama y Tokio, mi respuesta es sencilla. Todo lo que pueda en las galerías y museos de ambas ciudades. Si mi interés son las artes visuales no veo, y aquí la negativa tiene un sentido peculiar, por qué tendría que cambiar mi ángulo de entrada a la realidad. No soy una otaku, esto es una entendida en las mangas japonesas, pero de hecho pegaré una ojeada a la cultura friki. Daré asimismo una vuelta por Akihara el barrio de novedades electrónicas y quisiera subir a un tren bala, no sólo para experimentar lo que es desplazarse en el espacio a una velocidad de quinietos kilómetros la hora. Necesitaré soportar el vértigo durante ciento ochenta minutos que es lo que toma salir de la estación de Tokio para llegar a Gifu. Se trata de pasear por el Site of Reversible Destiny, un parque diseñado por la imaginativa arquitectura de Arakawa y Gins. Dice el filósofo Danto de estos artistas, que en el parque hay túneles como los agujeros del conejo de Alicia en el país de las maravillas o habitaciones puestas de cabeza. Los recorridos están pensados para sacar a los humanos de sus sensaciones familiares con el objetivo de experimentar un nuevo estado de conciencia. En otras palabras, de hacer reversible nuestro destino como mortales, a través de lo que se puede llamar una nueva vida desde el lado de las emociones. Dicho sea al paso, el tiempo vuela hoy para mí, así que los dejo con el pálpito de que estoy ya en un tren bala. ¿O será solamente que me comporto como el conejo de Alicia?

Imagen: Matsuei Erina, 2004.