miércoles, agosto 06, 2008

Por las cosas de otro modo


Las madres del vaso de leche, miembros de un programa social que recibe dinero del Estado para alimentar comunitariamente a niños y ancianos, marcharon ayer por las calles de dos distritos de la capital para protestar contra la voceada reducción de su presupuesto en el 2009. Su recorrido terminó frente a la oficina de la Presidencia del Consejo de Ministros en Miraflores, tras adoptar las características de una avalancha.

Al parecer la movilización de las cerca de cinco mil mujeres, algunas con niños en los brazos o a la mano, no había establecido una ruta definida a seguir y la policía sólo atinó a desviar el tráfico ante su paso. Los vecinos de los distritos involucrados sin siquiera haber sido informados del motivo de la marcha, tuvimos que sacar a relucir la proverbial resignación que nos identifica como locales.
Me pregunto si es tan sencillo acusar a quien pide normas y orden, de carecer de sensibilidad social. A ojos de quienes practican la rusticofilia, basta el afán de una organización popular de manifestarse, para salir en su defensa. Es el pensamiento políticamente correcto que no me interesa practicar.

Los noticieros de la noche dieron finalmente cuenta del pacto hecho entre el Primer Ministro y la dirigente del vaso de leche. Satisfechos de su negociación, ambos lucían sendas sonrisas. Cualquiera puede decirse que si resultaba tan sencillo resolver que el presupuesto se mantendría sin recortes, ¿por qué no se resolvió antes el asunto y de paso, para evitar suspicacias, con el agregado de que la agrupación rindiera cuentas sobre el modo en que invierte el dinero público? ¿No pudieron ambos personajes entrevistarse antes para prevenir el desaguisado?

¡Qué corolario! Antes que los ciudadanos terminemos de comprender que el respeto al otro es la mejor opción para vivir en la ciudad, nos limitamos a constatar el rédito político que tanto la dirigente popular como el funcionario aprista llevaron a sus arcas. Si las cosas se manejaran con mayor sentido, quién podría rechazar consignas como las que enarbolaban las caóticas caminantes: ¡No al wisky, sí a la leche! ¿Y cómo hacemos para que las cosas sean de otro modo?

Imágenes: Istvan Orosz.